Warhammer 40.000 o la conquista del Universo.

Ya que este blog parece un buen lugar para hacer confesiones, yo también me levanto de mi silla, miro con candor a los compañeros sentados formando un círculo ante mí y digo: “Hola, me llamo Javier y juego al Warhammer 40.000.”

Por Javier Marquina

 

 

Has elegido con cuidado a los miembros de tus unidades. Son lo mejor que tu ejercito puede ofrecerte y están preparados para el trabajo. Son máquinas de matar perfectamente entrenadas con cientos de años de experiencia. Has planificado con cuidado tu despliegue, midiendo al milímetro cómo colocar tus tropas por el campo de batalla, proporcionando al enemigo blancos que son solo señuelos para trazar una maniobra envolvente que lo aprisione y lo deje sin escapatoria y sin posibilidad de victoria. Te preparas para lanzar tu ataque definitivo, prometiendo a las bajas que has necesitado sufrir para colocar a todos los factores en el lugar adecuado que sus muertes no serán en vano, que no serán olvidados. Alzas la mano para dar la señal que te proporcionará la victoria, con el estómago lleno de mariposas hechas de emoción que anteceden al éxito absoluto.
 
Entonces tiras los dados.
 
Y sólo logras sacar unos.
 
Enhorabuena. Has sido masacrado. 

Bienvenido al milenio 41…
warhammer
Soy adicto al Warhammer 40.000.
 
Desde muy niño siempre me han apasionado las miniaturas, los muñecos, las figuras… Poder palpar en tres dimensiones esos conceptos que siempre me han fascinado, esas ideas que me han hecho lo que soy. Supongo que el gen del frikismo absoluto ya estaba entrelazado en mi genoma desde que fui concebido, y poder tocar físicamente todo aquello que represente con una fidelidad cada vez mayor a mis héroes, villanos y monstruos preferidos es algo que aún hoy me sigue provocando orgasmos y erecciones emocionales.

 

El Warhammer 40.000 vino a llenar de forma completa todas las necesidades que mi deteriorado cerebro necesitaba en cuanto a detalle, belleza, tres dimensiones y monstruos imposibles. Como bien saben todos los aficionados a este juego de estrategia y miniaturas, su concepto básico aglutina todo aquello que vuelve locos a los frikis, a los raritos y a los visitantes asiduos de esos lugares, centros y tiendas en los que a veces hay personas que deberían ducharse más. A saber: superhombres en servoarmaduras, aliens, poderes pseudomágicos, elfos espaciales, muertos en vida robóticos, brujas, herejes, mutantes, monjas guerreras, tanques, cañones grandes, sangre, violencia, muerte y destrucción. A veces, antaño, hasta se veía alguna teta. Teta disforme, pero teta.

 
A base de ir acumulando conceptos clásicos y comunes a cualquier mitología y a veces fusilando sin compasión ideas que previamente han arrasado entre el fandom de otras disciplinas, la franquicia del Warhammer 40.000 ha conseguido crear un universo propio de posibilidades casi infinitas tras el que la compañía Games Workshop se parapeta  para vender objetos de toda clase y masacrar sin compasión los bolsillos de un cliente entregado. Un cliente que acaba pagando precios imposibles para poder poner sobre un tablero de 1,20×1,80 metros esa miniatura de plástico de precioso diseño que morirá a las primeras de cambio por ser un imán para los disparos enemigos.
 
 
Además, y aunque el componente del azar es clave para la resolución de muchas batallas y lo aleatorio despoja en parte al juego de un componente táctico absoluto, el Warhammer 40.000 es un juego que invita a analizar la situación, a darle trabajo a tu solitaria neurona castigada por años de alcoholismo, a ponerte en el lugar de tu rival, a predecir, a suponer, a desarrollar todas tus dotes estratégicas. Invita en definitiva a ejercer ese arte ya casi olvidado y perdido que ha colocado al ser humano en el epicentro de esta sociedad decadente que acabara por destruirse a sí misma: pensar.
 
Pero sobre todas las cosas, y creo que es ahí donde realmente reside el secreto de su éxito, el Warhammer 40.000 invita a FLIPAR. Sí. A FLIPAR con mayúsculas. Convertir tus miniaturas moldeándolas a tu antojo, crear tus propios héroes, tu propia heráldica, tus propios planetas, tus propias batallas, tu propia épica. Contemplar como un solitario temerario decide la batalla en una acción casi imposible, como tu asesino definitivo muere a las primeras de cambio de manera bochornosa y sonrojante. Manejar ejércitos de monstruos sedientos de la sangre del enemigo. Rugir mientras lanzas a tu chusma hacia una muerte segura esperando llevarte por delante unos cuantos orkos. Conquistar un bastión inexpugnable. Desatar una tormenta de disformidad en la cabeza de ese engreído general. Desafiar en duelo épico a un enemigo más poderoso que tú. Sentir la magia.
 
 
Nada puede igualarse a esas mañanas de sábado en las que quedas con tu amigos, armado con tu maletín, tu metro (en pulgadas ahora) y tus dados, y pasas la mañana conquistando objetivos, sufriendo bajas y matando sucios xenos, mientras tus unidades voladoras sobrevuelan el campo de batalla ante la mirada putrefacta del Emperador Muerto. No hay momento más feliz que aquel en el que tu capitán, esa miniatura que conseguiste por eBay a un precio por el que merecerías la pena de muerte y que has pintado invirtiendo una cantidad obscena de tiempo, asesta un golpe letal en el corazón de una Gran Inmundicia.
 
Soy adicto al Warhammer 40.000. Tanto, que cuando la gente me mira con cara de incomprensión y se pregunta cómo alguien de mi edad puede aún seguir disfrutando como un niño manejando figuritas o lanzando sonidos guturales cuando todo le salé al revés o brincando como una prepúber en un concierto de One Direction si logra la victoria, la única respuesta que se forma en mi mente es: ¿Cómo puedes no estar haciéndolo tú?
 
*(Por si a alguien le interesa, todas las ilustraciones de esta entrada son de Adrian Smith, un señor ante el que sacrificaría a mis hijos en un altar de piedra primigenia para agradecerle su genial trabajo).
 

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Acerca de Javier Marquina 200 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

4 comentarios en Warhammer 40.000 o la conquista del Universo.

  1. Me siento reflejado en el artículo. Yo sería como tú, si el dinero y el tiempo no se hubieran aliado para desaparecer. Qué época, qué recuerdos… Nunca cambies! Hazlo por los que nos hemos visto obligados a abandonar muy a nuestro pesar! Resiste!

    • ¡Lo haré!¡Resistiré! Tengo el veneno demasiado dentro… Y eso que los precios que ahora maneja GW son completamente prohibitivos. Cada vez que compras algo casi sientes el robo a mano armada en tu bolsillo.

  2. Warhammer 40.000, nuestro querido 40K, nuestra piedra angular.

    Que podamos seguir disfrutando muchos años de nuestro hobby. Con sus mañanas de montaje, de elaboración de escenografía y por supuesto, de esas míticas partidas. Partidas que, como dices, trascurren entre heroicas y bochornosas acciones.

    Larga vida a La Triarca.

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