Wayward Pines: Cuando Twin Peaks conoció a Perdidos

No tengo ni idea de qué va esta serie. Y me encanta.
Por Chema Mansilla


Wayward Pines tiene a priori un montón de cosas que no me gustan. De primeras la protagoniza Matt Dillon, uno de esos actores intensitos que no soporto; está metido por ahí detrás M. Night Shyamalan, que anda bastante desorientado en la vida; está basada en una serie de libros que, perdonad mi ignorancia, no conozco; y la emite Fox bajo la etiqueta de “nueva serie de misterio de éxito”. Pero yo, que soy de empezar a ver todas las series, piqué, que por algo sale Juliette Lewis y la tengo cierto cariño. El principio, y digo el principio, los primeros segundos, son clavados a los primeros segundos de Perdidos. ¿Declaración de intenciones o falta de originalidad? Ya andaba yo sopesando de muy mala manera el hacha de dejar de ver series en la mano cuando, oye, pues no está tan mal.
Y de “no está tan mal” a “la vida es eso tan aburrido que te pasa entre un capítulo de Wayward Pines a otro”. La serie nos lleva a un pueblecito idílico en Idaho, rodeado de bosques y con gente maja de esa que te hace pensar que en Estados Unidos todo el mundo ES mejor que el resto del mundo. Pero ni eso es verdad, ni parecen serlo la mayoría de las cosas que ocurren en ese pueblo.

Ethan Burke es una gente del Servicio Secreto que, tratando de localizar a otros dos agentes desaparecidos, llega por accidente a Wayward Pines. Allí descubre, por las malas, que no puede salir del pueblo, literalmente. La encantadora gente de Wayward Pines comienza a perfilarse como una de esas comunidades siniestras que tanto le gustan a Stephen King y, por si fuera poco, parece que de verdad, pero DE VERDAD, algo raro pasa en ese pueblo.

Además de a Perdidos, Wayward Pinesse se parece a Twin Peaks, pero de una manera algo más tangencial. Formalmente las dos transcurren en un pueblo parecido y el material promocional se centra mucho en el letrero que anuncia la entrada al pueblo. Pero hay una nivel mucho más sútil, como una melodía que flota en el aire y que crees reconocer pero que no terminas de oír bien del todo y que llega un momento en el que no estás seguro de si realmente está sonando. Si bien esta nueva serie no comparte personajes especialmente estrafalarios como “la mujer del tronco”, sí que tiene personajes “raros”. Y aunque la serie tampoco tiene los estilizados elementos oníricos de Lynch, sí que crea una atmósfera muy personal. Aunque menos irreal que artificial, porque hay una diferencia y creo que por ahí irán los tiros de la serie… El Agente Burke no es el carismático Agente Cooper ni de lejos, pero el misterio de qué pasa en Wayward Pines parece mucho más interesante que lo que le pasa a Laura Palmer, que no deja de ser fruto de las malas compañías. Este misterio, como digo, parece mucho más grande. Para empezar por las dimensiones en sí del misterio, que afectan a todo un pueblo. Y segundo porque su complejidad tampoco tienen demasiado que envidiar a esos elementos sobrenaturales que tenía aquí y allí la serie de Lynch.


Cuando Burke trata de abandonar el pueblo por carretera se encuentra con uno de esos carteles de “está usted abandonado Wayard Pines” para, al poco y sin abandonar la misma carretera, encontrarse con el de “Bienvenido a Wayward Pine” y regresando al pueblo. Y eso no es todo, porque cuando trata de alejarse otra vez del pueblo a pie descubre que… Bueno, eso no lo cuento. Sólo diré que a partir de ese momento se empiezan a introducir elementos muy “de ciencia-ficción”, de esos raros e inesperados que nos dejaban “con el culo cuadrado” cuando Perdidos todavía nos molaba.

Tampoco basta con que el Sheriff del pueblo sea un tipo chungo comedor de helados, ni que la enfermera del hospital sea más espeluznante que ciertas alcaldesas de Madrid a las que poco queda en el convento. Vamos a empezar a manejar algunos elementos como las extrañas normas que rigen el pueblo (no abandonar el pueblo, no hablar del pasado, contestar siempre al teléfono cuando suena), ejecuciones públicas y, atentos, paradojas temporales. Casi nada. ¿Suficientes elementos de interés como para que te entren ganas de darle una oportunidad?

Wayward Pines me tiene enganchadísimo, y lo hace jugando las mismas cartas de Perdidos. Si recuerdas las emociones que te produjo ver por primera vez el humo negro en la Isla, si te preguntaste durante meses qué había a los pies de la estatua o tenías mil teorías sobre qué diablos tramaban Ben y Dharma, seguro que picarás con esta serie. Espero que para mí el final no resulte igual de decepcionante y confío que al basarse en una serie de novelas el desenlace este bastante cerrado, con lo que los guionistas no tendrán que inventarse un final sobre la marcha como hicieron con Perdidos (ni extender la serie con temporadas innecesarias). Yo tengo una lista de 10 elementos de Wayward Pines que necesito que me expliquen ya, y os diré que el final del tercer episodio es de esos que te convierten una serie que te gusta en tu nueva serie preferida…

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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