WHIPLASH: Sangre, sudor y lágrimas.

Nada de 50 sombras de Grey. Para ver una historia de verdadero dominio y sumisión lo que tenéis que ver es Whiplash.

Por Teresa Domingo


La primera vez que oí hablar de Whiplash no me atrajo nada. La historia de un chaval que quiere ser batería (no pienso decir baterista, lo siento) de jazz. Menudo aburrimiento. Pero los buenos comentarios me hicieron darle una oportunidad. Además esa misma madrugada se había llevado tres Oscars: actor de reparto, montaje y mezcla de sonido. Así que la oportunidad se la di prestando mucha atención.

Efectivamente es la historia de Andrew Neiman (Miles Teller), un chaval que quiere ser batería de jazz. Pero no uno cualquiera, quiere que su nombre suene junto a grandes percusionistas como Buddy Rich (Impossible Drum Solo, ver aquí), Jo Jones o Charlie Parker. Para ello se matricula en el mejor conservatorio de música donde se topará con el profesor Terence Fletcher (J.K Simmons). Un profesor que se excede en la severidad y autoridad a la hora de enseñar, no dudando en insultar, humillar, amenazar o abofetear a sus alumnos para sacar lo mejor de ellos. Eso de que la letra con sangre entra se convierte en realidad en las manos del protagonista, que no cejará en su empeño de demostrar que el que no nace con un don lo consigue practicando.

Una historia de perseverancia, obsesión y pasión por la música, que, con su montaje rítmico, que roza la perfección, consigue ponerte más tenso que muchos thrillers. Una lucha de egos, de un alumno puteado y un profesor puteado, que evoluciona in crescendo hasta culminar en un final épico que incita a levantarse y aplaudir hasta que piquen las manos.

Y es cierto que esta temática musical que nos sumerge de lleno en el jazz más profundo, al alcance de pocos músicos, no atraiga a mucho público, pero creedme que merece la pena de principio a fin. Además muestra de una manera tan cruda la realidad y dureza, la casi militarización de los conservatorios, ya sean de música o de danza (imposible no pensar en La Chaqueta Metálica al ver los gritos, órdenes y menosprecios de Fletcher hacia sus pupilos), que parece que está basada en hechos reales. Pero no, todo ha salido de la mente de Damien Chazelle. Whiplash nace de un corto, del mismo Chazelle, sobre el profesor Fletcher, interpretado también por Simmons y otro alumno al que atormenta. Cosechó tantos premios y reconocimientos que se lanzó a rodar el largo y con sólo 30 años ha conseguido hacer magia con su guión y dirección. A partir de ahora estaré pendiente de cualquier cosa que haga.

Quiero expresar todos mis respetos a los tres protagonistas de esta historia. Sí, tres, como los tres cerditos. Empiezo por Simmons, que se ha llevado un merecido Oscar al mejor actor de reparto dando vida a este profesor perfeccionista de las notas, la afinación y el tempo. Y yo que me alegro, siempre he pensado que era un actor poco valorado, y, no entendía por qué, a la vista está que no se podía haber elegido un actor mejor para este papel. A mí me tiene acojonada desde la brutal interpretación del personajazo que representa en O.Z. (serión de la HBO que si no habéis visto tenéis que ver ya) así que totalmente de acuerdo con la elección. Sigo por Miles Teller, quien toca la batería él mismo durante toda la película y ha tenido que sufrir meses de práctica de batería jazzera, pues para nada es el estilo católico, apostólico y romano que manejaba. Su esfuerzo previo para que todo fuera real en el rodaje, además, le sirvió para reflejar la perseverancia y la extenuación que hay que sentir hasta que alcanzas el flow.

“It’s not my tempoooooo”

Estas dos personalidades se ven confrontadas a través del tercer personaje: la música. Con temazos clásicos de jazz como Whiplash, de Hank Levy o Caravan, que hizo famosa Duke Ellinton, se convierte en la protagonista indiscutible de esta obra de arte. Tratada con delicadeza, como las divas del cine se merecen, con estilo, con swing… y ensalzada por primeros planos y planos detalle que se suceden a un ritmo atroz y desquiciado en presencia de la batería, y con travellings sin dirección aparente pero que te arrastran a mover los pies cuando suenan los vientos. Te envuelve, te atrapa y ahí te deja, con cara de éxtasis bailoteando al ritmo frenético de las baquetas de Andrew Neiman.

Cine de calidad para rodar música en estado puro, tocada y grabada en directo. Un placer para la vista y el oído al que se le pueden poner muy pocas pegas. Una película que deja tan buen sabor de boca que cuando acaba tienes una sonrisa en la cara y unas ganas horrorosas de aporrear cualquier cosa que se asemeje a una batería. Como los buenos placeres consigue que dejes la mente en blanco y simplemente disfrutes. Deliciosa.

 

Sigue a Teresa Domingo en Twitter: @Tuiteresita

 

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Si es creepy, es para mí.

1 comentario en WHIPLASH: Sangre, sudor y lágrimas.

  1. El maltrato es un bicho como el evola o la viruela: se cuela en el torrente sanguíneo y en pocos minutos tiene fuera de juego a su víctima. La diferencia es que el virus del maltrato no te mata; espera a que sea su víctima la que se tire por el balcón. Tipos como Fletcher infestan las aulas, las salas de reuniones, los púlpitos, los platós de television, los parlamentos, … José Mourinho o Risto Mejide son las caras más conocidas de millones de maltratadores anónimos que cada día hunden sus faúces en los cuellos de sus empleados, sus alumnos, sus compañeros. La película lo muestra claramente: Fletcher sólo es el enfermo alpha, pero todos los miembros de la banda son también maltratadores. Maltratadores que se comportan entre ellos de acuerdo a uno de los códigos básicos inscritos en el ADN del maltrato: pisa para que no te pisen. El maltratador siempre se va a ensañar con el más débil, como hace con él su inmediato superior. Sería bueno que la próxima vez que alguien hable de esta película, hable de una película sobre el maltrato. Después podrá añadir que el jazz también es importante. Por cierto: entre el afán de superación y el perfeccionsimo hay un mundo: el mismo que separa la salud de la enfermedad.

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