WHITEY: USA vs JAMES J. BULGER.

Es posible que a algunos les suene este nombre por tener algún altercado que otro con Johnny Depp por la versión que uno interpreta del otro en la película Black Mass,  pero Whitey Bulger es de los gángsters más buscados por el FBI, responsable de la delincuencia organizada de Boston y de algunas cosas más.

Por Teresa Domingo.

El reputado director de documentales, muchos de ellos relacionados con el crimen, Joe Berlinger, se pone a los mandos de la narración del juicio más esperado en Boston desde la década de los ’80. El del delincuente más buscado por los servicios de inteligencia americanos hasta que llegó Bin Laden, Whitey Bulger, había sido capturado en California en Junio de 2011 y qué mejor que contar su historia a través del testimonio de sus víctimas y aliados.

Fugado desde 1995, ahora que había aparecido, James Joseph “Whitey” Bulger debía enfrentarse al proceso por 32 delitos entre los que se encontraban 19 asesinatos, todo tipo de extorsiones y responsabilidad absoluta sobre la red de juego, drogas y préstamos de la ciudad. Para su desgracia durante estos 16 años, el miedo que había sembrado por las calles había huido, como él, y nada queda del entramado de terror y tortura que mantenía el silencio en torno a su figura.

Berlinger basa la narración de su documental en tres tipos de testimonios recopilados durante dos años, desde que se detiene a Bulger hasta que sale la sentencia del juicio en 2013. Por un lado los de las víctimas de extorsión y los familiares de las víctimas de homicidio que relatan con desgarradora aceptación el modus operandi a la hora de hacer negocios de nuestro protagonista. El arranque con una brutal declaración de uno de los testigos llamados a declarar en uno de los asesinatos de los que se acusa a Bulger. Qué significaba tener un negocio en el sur de Boston cuando Whitey manejaba el cotarro y el tipo de tortura que solía utilizar con los que no hacían lo que él quería. Y no hablamos de un capo cualquiera. Hablamos de una banda de criminales sin escrúpulos que dejarían en ridículo cualquier guión de Quentin Tarantino. De un tío que comenzó su vida criminal sobreviviendo a Alcatraz. De una gente que no tenía reparos a la hora de matar a su propia novia porque ya sabía demasiado o acusarse entre sí para salvar el pellejo.

El segundo tipo de testimonio es el de los compinches de antaño, que sí pagaron por sus crímenes y que respaldan con espantosa frialdad, tanta que no se puede transmitir con palabras, la narración de las víctimas de las atrocidades de tan señalado delincuente.

Entonces, ¿cómo es posible que un criminal conocido por todo el mundo, al que se ha grabado en reuniones a pleno día con otros criminales a los que sí se ha puesto entre rejas, no haya ido a parar antes con sus huesos en la cárcel? ¿Cómo puede ser que, a pesar de contar con más de 700 páginas de informes de delitos registrados por la policía, nunca fuera acusado ni de aparcar en doble fila? ¿Por qué nunca lo pillasen ni cerca de una redada? Cualquiera que se haga estas preguntas, lógicamente, responderá que debía tener un topo que le soplaba los movimientos policiales para que Whitey se pudiera anticipar. En este caso el guión sería de Martin Scorsese, pero la realidad supera a la ficción y el verdadero giro argumental de la historia de Whitey Bulger es que él era el informante del FBI.

Entiendo que los servicios secretos se tengan que valer de los soplos y favores de algún miembro de una banda criminal para enterarse de los movimientos de la misma, o que inflitre a uno de sus agentes, con todas las consecuencias que la vida criminal conlleva en el devenir de la vida de una persona honrada. Lo que me parece increíble es que la persona que se beneficie de los privilegios de privacidad y protección de identidad y personal de un informante, así como la expiación de sus pecados como gángster, en favor de atrapar al jefe de la banda sea… el jefe de la banda.

No, no me había olvidado del tercer tipo de testimonio sobre el que se apoya la narración de este juicio. El testimonio silencioso y silenciado de aquellos que podrían demostrar que los rumores van más allá de la veracidad y que el poderoso caballero Don Dinero es capaz de callar a cualquiera que pretenda evidenciar la corrupción de los que deberían hacer respetar la ley.

A lo largo de la historia a la justicia la han dejado ciega, sorda, muda y manca. Y no hace falta irse a ningún país lejano más allá de ultramar para ver cómo ahora va vestida de mamarracha y la han puesto a pasear por los polígonos. Ya ni siquiera resulta sorprendente ver este tipo de documentales en los que asistimos “en directo” al hecho de que un testigo clave, fiscal o abogado sufra un –inserte aquí accidente random– antes de desvelar información crucial para el juicio. Basta con poner las noticias y disfrutar de la programación.

Podría expresar algunas conjeturas más sobre la veracidad de los juicios con intereses que van más allá de que se aplique la propia justicia pero prefiero expresar mi deseo de que historias como esta sólo tengan cabida en el apartado de ficción. Nos gustan los criminales, pero los de los cómics, las películas y las series. En su mano está, aunque no quieran, que nosotros únicamente tengamos que preocuparnos de criticar guiones que hayan salido de la imaginación de un artista y no de las andanzas de delincuentes amparados por la ley.

Ya sabéis, ¿quién vigila al vigilante?

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