Wilco se pasa por Madrid y triunfa

La capital de España recibe con los brazos abiertos a Wilco, y eso que “La Roja” se la jugaba en el Calderón contra Francia en la fase de clasificación para el mundial de Brasil de 2014.

Por Alex Sánchez.

En mi lucha diaria por no aburrir a un sector de lectores, y no dejar sin demasiados detalles a otros, os voy a obsequiar con dos versiones de esta maravillosa y estupenda crónica.

Versión corta: Gloria de nuestro Señor Jesucristo (de puta madre para los no creyentes).

Versión larga: Corría el año 783 antes de Cristo… Es broma. Digamos que la gente de Wilco vino, actuó como solo ellos saben y salieron por la puerta grande. Nadie que conozca a Jeff Tweedy duda de que es un genio. Pero lo difícil no es serlo, sino demostrarlo, y la ardua tarea se vuelve más sencilla cuando, además de tener cualidades, te rodea una banda de virtuosos.

Señor de camisa roja, alias guitarra principal, y cuyo nombre desconozco (al menos mientras escribo estas líneas), hizo el amor con su instrumento hasta el extremo de ponerme los pelos de punta ya con la primera canción. “Si esto empieza así, la que me espera por delante”, pensé para mis adentros.

Dejando a un lado el sonido regulero propio de un espacio no destinado originalmente a tales efectos (hablo del Palacio de Vistalegre), y un escenario que parecía el de la fiesta de fin de curso del colegio, la banda hizo un despliegue de medios y efectivos digno de los más grandes, pero no con luces ni fuegos artificiales, sino con música, como debe ser. Todavía no me explico por qué Wilco no es un grupo musical de masas (aunque cobren como tal), cosa que por otro lado agradezco.

No me preguntéis qué canciones tocaron o dejaron de tocar, porque yo para los títulos soy pésimo. Digamos que soy más de “la tres del segundo disco”. Sea como fuere, todas las que tocaron las tenían que tocar, tanto clásicos como novedades, y aunque hubo dos bises, al final se quedó alguna favorita en el tintero. Pero bueno, se lo perdono. Hubo tiempo para disfrutar de rock, pop, toques de country y folk e incluso de heavy metal, con un batería que se volvía loco en una canción mientras el resto de la banda seguía el ritmo normal.

En definitiva, el caro precio de las entradas no desmereció en absoluto, y me fui a casa más contento que unas castañuelas. Llevaba varios días bromeando con amigos por una afirmación vista en Telecinco, “Wilco tiene el mejor directo del mundo”. Obviamente, es exagerado, pero queridos míos, se acercan bastante.

Sigue a Alex Sánchez en Twitter: @Zarten

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