Wild Wild Country. La tierra prometida de Antelope

América es la tierra de las oportunidades… Siempre y cuando te alinees con la mayoría blanca, heterosexual y protestante. Wild Wild Country es la historia de un colionalismo a la inversa. El documental de Netflix relata la batalla entre la secta y los EEUU.

Por Javi Jiménez.

Está estrechamente unido a la naturaleza humana el instinto de buscar un líder o convertirse en uno. Como el McDonalds y las enfermedades del corazón. Hay distintos tipos de líderes: líderes espirituales, políticos, mafiosos, ídolos… El líder definitivo, el líder infalible no suele ser otro que Dios. Entorno a él creamos una estructura con el líder a la cabeza y a la que te das cuenta tienes una bonita pirámide. Formada por la estructura más estable de la naturaleza y también la que da nombre a la clásica estafa piramidal.

Una vez que los grupos están formados es cuestión de tiempo que aparezcan las reglas que lo rijan y que al final suele contar con una versión de ¡Evangelizad a los infieles! En un alarde de imaginación, cada uno de estas estructuras suele predicar que ellas cuentan con la verdad, el dios único y el resto son mentiras, farsas, ardides. Si son pocos los seguidores es una secta, pero cuánta más masa osea la levante se ganan una nueva dimensión de respeto.

Wild Wild Country la serie documental de Netflix de los hermanos Way relata la historia del rajneeshpuram, una secta con origen en la India que se trasladó al estado de Oregón en los 80 y que acabó desestabilizando a todo un país. Recién llegados de ver la masacre de Jonestown realizada por otra famosa secta, el puñado de vecinos de Antelope vieron amenazados los propios fundamentos de su vida con la llegada de estos extraños vestidos de naranja y rojo. Como nos cuentan en la serie, la cosa no hacía más que comenzar.

A medio camino entre una secta y una ideología, el rajneeshpuram contaba con muchos seguidores en Estados Unidos que tras aprender de las enseñanzas de su creador Bhagwan Shree Rajneesh, pronto acudieron en masa a crear una comuna desde cero en medio de la nada. Aunque la figura del líder es controvertida, el documental se centra en su mano derecha, su poder ejecutivo, una joven Ma Anand Sheela sobre la que cae la tarea de construir toda la infraestructura para la religión del Bhagwan.

Esta secta se basaba en los ya familiares principios de este tipo de movimientos que se hicieron tan populares con el new age: el amor libre, la libertad y la meditación como formas de vida. Pero donde muchos otros pensadores orientales abogaban por el rechazo al mundo material y proponían una vida más contemplativa, Bhagwan tenía un pensamiento capitalista. Se preguntaba por qué estaba mal visto producir y por qué si querían extender sus creencias no debían trabajar duro para hacerlo.

Juntando parte del negocio millonario que era la secta en la India Sheela puso en marcha el experimento de la creación de una comunidad autogestionada. Como vemos en el documental con todo detalle gracias a imágenes de archivo de la secta y la televisión compraron terrenos para un rancho en los Estados Unidos y pusieron a sus seguidores a trabajar. Una de las partes más interesantes del documental para mi fue ver como creaban toda la infraestructura de la ciudad de manera comunitaria. Para los que no habéis visto ningún episodio, no estamos hablando de chabolas y caminos de tierra, los rajneeshes creen en la ciencia y la ingeniería y la aplicaron a la hora de crear su propia ciudad. Para qué veáis hasta donde llegaron, esta ciudad contaba con aeropuerto y un lago artificial.

Y sí digo ciudad en el sentido más literal de la palabra. No solo tenían campos de cultivo, un centro comercial y una cantina gigante, aprovechando una de esas leyes locas del estado de Oregón pudieron constituirse en ciudad con lo que ello implica (cuerpo propio de policia, alcalde…). Habían logrado prácticamente crear su propia aldea gala, su base de operaciones para empezar a extenderse por el mundo. En ese momento Wild Wild Country se pone verdaderamente interesante, hasta ahora todo había ido de fábula para el Rajneeshpuram pero vendrían las nubes y con ellas saldría el lado más oscuro de la organización.

El documental hace muy bien el trabajo de dar ambas versiones de la historia pero no puedo evitar ponerme un poco más de lado de los Rajneeshes. A pesar de todos los asuntos truculentos que ocurrieron, a pesar de su líder, de sus ropas granates, su histeria colectiva, de comerciar sin tapujos con la espiritualidad… Lo que verdaderamente molesta a una gente intolerante y en el mejor de los casos estrecha de miras es que su modo de vida no es igual al suyo. Desde el primer momento la comunidad se vasa en el trabajo colectivo, en el amor y en la paz. En valores esencialmente positivos. El rechazo no existe por los casos grises y negros que se supieron más adelante. El problema es que no tienen una familia heterosexual tradicional. El problema es practiquen el sexo de manera abierta. Cuando no es el problema que simplemente “son raritos”.

Durante los seis capítulos de en torno a una hora de Wild Wild Country vemos una carrera armamentística entre la secta y los EEUU, en la cual a ninguno de los dos bandos les importa saltarse las normas. La discusión acaba completamente mediatizada como vemos en innumerables cortes de programas de la época con un nivel de tendenciosidad que deja en ridículo a The Sun.

La persecución de la secta es en todo momento alimentada por la intolerancia de los ciudadanos de los EEUU. No es que comulgue especialmente con los rajneeshes pero solo ver las expresiones de autocomplaciente ignorancia de los victoriosos habitantes del pueblo hace que me quiera cambiar de bando y que desee que esa secta no acabe pudriéndose. Los testimonios de los ex-miembros de la secta cuentan con emoción lo que pasó en esos días, algunos como Sheela incluso con vehemencia, para ellos fue algo verdaderamente especial e incluso cuando acabaron tomando muy malas decisiones sentían que en esencia intentaban hacer algo bueno. En estos testimonios la presencia de Sheela es eclipsante, incluso en su vejez transmite fuerza y vida. A pesar de ser la villana de la historia es un gran personaje de este Wild Wild Country.

Me entristeció profundamente que  al final el status quo pudo erradicar una manera alternativa de vivir de la que se podría haber aprendido algo. Al final la gran secta acabó arrollando a la pequeña porque su podredumbre acabó corroyendola por dentro y sucumbiendo al exterior. Las sectas nunca quieren competencia.

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Acerca de Javier Jimenez 214 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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