WITCH DOCTOR. Por si te duele en el alma.

Un día a Robert Kirkman (The Walking Dead), además de crear zombis, se le ocurrió “crear” un sello editorial y esta es la obra con la que inauguró sus publicaciones. Por algo sería.

Por Teresa Domingo.

Tras pegar el bombazo en 2003 con The Walking Dead, Robert Kirkman se fue haciendo un hueco en las altas esferas de Image hasta que, en 2008, fue nombrado socio capitalista de la compañía. Sólo dos años después, junto a David Alpert,  se lanzó a publicar obras nuevas y originales, como trampolín de autores desconocidos y personajes propios, bajo su propio sello al que llamó Skybound. Aquí se recopilan todas las obras del rescatador del género zombi, al menos en su versión cómic, incluido su último Ladrón de Ladrones, pero antes, en 2011, vio la luz su primera publicación, Witch Doctor.

No sé por qué, desde que me hice con el primer volumen de Witch Doctor, y ya han pasado unos cuantos años, pensé que serían un montón de tomos y que tardaría un montón en hacerme con la colección completa. Pero no. Resulta que son sólo dos. Así que me hice con el segundo y ahora me entristece que no haya más porque, si el primer tomo me pareció una idea espectacular, aunque arranca de forma muy efectista pero un poco inconexa, el segundo volumen me parece un thriller médico-paranormal muy a la altura de autores consagrados.

Quiero ser justa con Brandon Seifert y Lukas Ketner, guionista y dibujante respectivamente, y matizar que la inconexión del primer tomo está totalmente justificada. Teniendo en cuenta que los primeros números fueron autoeditados durante un par de años, es normal que al principio quede todo un poco desligado, pero en seguida encauzan la trayectoria de la historia y se vuelve tremendamente disfrutable, sobre todo por el arte de Ketner a la hora de dibujar los monstruos.

Porque hay muchos y muy grandes monstruos. Unos monstruos que parasitan el alma, que la corrompen movidos por fuerzas extrañas que quieren causar el Apocalipsis. Por suerte alguien tiene la cura para estos males y el instrumental ocultista necesario para enfrentarlos: Vincent Morrow, especialista en enfermedades sobrenaturales. El Witch Doctor, vaya.

Allá donde haya un poseído, un endemoniado, un vampiro o un hada acudirá el Witch Doctor con sus artilugios mágicos para descubrir la patología sobrenatural que adolece a los pacientes. Además de un sinfín de libros de hechizos y pócimas que guarda en un maletín sin fondo a lo Mary Poppins, es dueño de un paraguas, pero uno cualquiera que sólo sirve para volar como el de ella, sino el Paraguas de Sedlec, un círculo protector sin el que yo no saldría de casa si tuviera que enfrentarme a todo eso. Como buen médico ocultista cuenta con un estetoscopio mágico, el Oculus Occultus, con el que puede ver a los espectros, un “bisturí” llamado Excalibur, con el que sajar las tripas de los monstruos, y mil chismes más. Si con los monstruos Ketner se luce, con el instrumental se sale. El doctor posee hasta una jeringuilla mágica de cristales de colores que es todo un derroche de imaginación.

Y de documentación. La exquisita mezcla de datos médicos y científicos reales con un imaginario de monstruos de tintes lovecraftianos está muy equilibrada y para ser una historia de mad doctors resulta ágil y “creíble”. Por ponerle una pega, la constancia de los rasgos de los personajes quizá sea el punto flojo del dibujante, pero la originalidad y fluidez del guión lo suplen mientras se va solucionando progresivamente, hasta quedar solventado.

Además de sus objetos, el doctor Morrow cuenta con la ayuda de sus dos ayudantes: Eric Gast, un recién llegado a esto del ocultismo, pero un gran enfermero, y su anestesista, Penny Dreadful, una peculiar paciente del doctor. Ambos personajes serán de vital importancia tanto para el doctor como para el desarrollo de la historia a lo largo de los dos tomos. Algunos personajes más se incorporan al elenco en el segundo volumen, en el que el doctor se convierte en paciente al ser infectado por un monstruo. Y, ¿a dónde llevas al Witch Doctor si el enfermo es el Witch Doctor? Pues a la nigromante-patóloga Catrina Macabrey y a Los Cirujanos, aunque a estos últimos no se les deba molestar. Entre todos tendrán que diagnosticar la enfermedad del doctor e intentar salvarle la vida.

Todos los personajes tienen la profundidad justa para el papel que desempeñan, y, evidentemente los que más desarrollo conllevan para poder soportar el peso de la actividad paranormal son los tres principales. Pero si me tuviera que quedar con uno, mucho más allá del gran científico loco que encarna Morrow, me quedaría con Penny. El dibujo siniestro de su figura unido a las afiladas garras que la caracterizan me resulta muy atractivo, pero lo que me alucina es todo el simbolismo que sugiere su nombre.

En el siglo XIX se estilaba un tipo de literatura popular y barata que se denominaba peyorativamente penny dreadfuls: pequeñas novelitas de detectives, criminales y entes sobrenaturales, tres rasgos que aúna nuestra Penny, que costaban un penique: penny horrible, penny awful and penny blood. Sencillamente genial.

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Si es creepy, es para mí.

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