Wolf, de Ales Kot y Matt Taylor

Un nuevo caso de decepción editorial o una gran lectura en ciernes. Una advertencia o una recomendación. No lo tengo muy claro… Pero lo edita Image.
Por Chema Mansilla

El detective inmortal Antoine Wolfe se ve envuelto en una trama que casi de manera inevitable terminará con el apocalipsis. A no ser que la joven adolescente a la que debe proteger consiga evitarlo. Ese el argumento central de Wolf, un argumento al que se tarda bastante en llegar mientras el lector avanza por la trama saltando de una aparente escena inconexa a otra, sin conseguir la imagen completa de una historia en la ciudad de Los Ángeles que mezcla a viejos racistas con caseros vampiros. Estos saltos mezclan escenas extrañas y fantásticas con otras mundanas y realistas. La mezcla es rara. Y no voy a decir que funcione realmente bien, pero quiero pensar que este cómic guarda algo especialmente interesante en su interior. Creo que tiene momentos de gran genialidad, pero que para alcanzarlos hay que pagar tributo pasando páginas de lectura francamente aburrida. De hecho, al empezar a leer el cómic, y tras el precioso arranque de sus primeras página, comencé a aburrirme tanto que casi abandono la lectura del cómic. Pero aguanté el tiempo suficiente como para que el primer gran golpe de efecto de la trama me dejara con el tebeo pegado a las manos. Después volví a aburrirme, y a sorprenderme, y aburrirme…

El caso es que este ritmo irregular me ha parecido demasiado forzado, como si en lugar de tratarse de un mal trabajo de guión fuera algo premeditado. Y es que aunque la trama, a grandes rasgos, parece la de siempre: la de la joven adolescente llamada a redimir los pecados de la humanidad ante un potencial fin de los días y su cínico y endurecido protector de corazón de oro. Algo que de primeras, si no se tratara de un guión de Ales Kot, no sería en absoluto buena señal. Pero entre viñetas y páginas, de vez en cuando, hay algunas pepitas de oro que me hacen pensar que bien puede haber una gran veta de genialidad esperando para salir a la luz en cualquier momento. La influencia de gente como Gaiman se nota en este cómic, donde el toque de fantasía onírica de las historias se ve manchado por una carga de cinismo y decisión ya clásica en los gustos de los lectores “millennials” y que a los lectores que sobrevivimos a la etiqueta de la “Generación X” tanto nos suena.

El mismo comentario sobre la irregularidad del nivel de calidad se puede aplicar al trabajo de Matt Taylor, que mezcla unas páginas maravillosas, especialmente cuando hay que plasmar algunos elementos de tono fantástico, con otras con un nivel muy bajo. Éstas suelen coincidir con los momentos más mundanos de la narración, como si el dibujante se aburriera con ellas y sólo se esforzara en aquellos momentos más espectaculares. Bien podría ser así, no digo que no, pero de nuevo, quiero pensar que el guionista de Zero y The Surface, y un artista tan resolutivo y original como Taylor (atentos a su web) se juntan, no es para hacer una obra de medio pelo que pase con más pena que gloria de las novedades, a los paperbacks y finalmente al cajón de los saldos.

Image podría tener entre manos el siguiente gran cómic de la temporada. Y digo que podría porque Wolf está empapado en grandes posibilidades, pero en su primer tomo recopilatorio parece lastrado por una gran cantidad de lugares comunes y elementos predecibles en su trama. Kot y Taylor firman un cómic que bien podría haber sido publicado por Vértigo, si Vértigo siguiera siendo lo que debería haber sido siempre, pero que viene a engrosar esa nueva generación de cómics independientes que tan bien están funcionando en Image. Hay potencial y un cierto tono de impostura, que desgraciadamente, no me queda claro si es de autores geniales manteniendo un perfil bajo mientras su obra crece y se manifiesta como algo digno de leerse en el sillón orejero de casa, o si bien se tratan de dos autores genial tratando de salir del paso y cobrar los cheques antes de que los lectores se den cuenta de que han tirado el dinero.

En cualquier caso, creo que hay motivos suficientes para sentarse y esperar. Eso quiero pensar, que va a merecer la pena, de verdad que sí…

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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