WONDER WOMAN. La verdadera amazona.

Una nueva versión del origen de Wonder Woman y toda la mitología que le envuelve. Un cuento cruel y fantástico que sienta las bases del personaje, respaldado por el precioso dibujo de Jill Thompson. Una maravilla.

Por Joe Runner.

Todos conocemos de una u otra forma a la mujer maravilla. Desde que apareciese en 1941 de la mano de William Moulton Maston y Sadie Holloway Marston, el personaje ha gozado de un status respetado por parte de todo el mundo, fans o no del noveno arte, convirtiéndose en la gran imagen del feminismo, ya que demostraba ser igual o más fuerte e inteligente que sus compañeros varones en todas sus historias. Quizá ahora nos parezca una estupidez, pero el papel que jugó Wonder Woman como adalid de la feminidad durante sus primeros veinte años de historia sentaron cátedra en una cultura mundial marcada por el machismo más férreo y casposo. De hecho, en más de una ocasión, el personaje ha tenido más dificultades en una sociedad que le rechazaba por ser mujer que con sus mismos enemigos. Pero el tiempo puso las cosas en su lugar y actualmente a nadie le cabe duda de que Wondie es un referente social, seas mujer u hombre.

Como buen personaje de DC Comics, Diana Prince ha sufrido variaciones constantes en su origen. Según la época en la que se trate o el contexto social, la amazona ha tenido un pasado relacionado con el panteón griego, siendo una semidiosa o un regalo de los cielos según la historia, o simplemente un origen totalmente mortal, destacando sus cualidades de lucha o fuerza y ayudada por los mágicos objetos que posee. Sea como fuere, Jill Thompson se ha decidido por la mitología griega como fuente de inspiración para su historia o cuento sobre el personaje de Wonder Woman. No obstante, aquí lo importante es la infancia y adolescencia del personaje, alejada de la típica fórmula usada actualmente con adaptaciones a nuestro tiempo con historias más o menos aceptadas por las teorías físicas que manejamos. Este es un cuento a la vieja usanza, un mito que nos habla del truculento pasado de la mujer más increíble y maravillosa que ha existido jamás y el por qué de sus motivaciones totalmente altruistas. El cuento de Diana.

Tras años de crecer como pueblo y sociedad, las amazonas comenzaron a ser la envidia de los demás pueblos y ciudades de Grecia, con lo que los intentos de asedio y ataques se fueron incrementando con el paso de los años. Tanto fue así que la obsesión llegó inclusive a Zeus y Hércules, con lo que Hera les ayudó a escapar lejos a una isla que Poseidón tenía en su poder y era invisible para el resto de mortales y dioses que moraban el planeta. Las amazonas encontraron así su nuevo hogar y le llamaron Temyscira, una ínsula lo suficientemente grande para poder crecer como pueblo, autoabastecerse sin necesidad de hombres alrededor y viviendo en paz. Los años fueron pasando, pero la reina de las amazona, Hipólita, seguía teniendo un vacío en su corazón que no conseguía llenar: quería tener un hijo. Una noche clara de luna llena, se fue a pasear a la playa. Allí creó un bebé en el barro y comenzó a cantarle una nana tan preciosa que no tardó en llegar a oídos de Poseidon, el cual se la mostró a sus iguales en el Olimpo, lo que hizo que todos lloraran lágrimas de oro y plata debido a la belleza de la canción. Esta lluvia preciosa cayó sobre el bebé de barro y cobró vida, colmando así a Hipólita de su deseo de ser madre. Y esa niña se llamaría Diana.

Hay que ver lo salá que era Diana.

Acostumbrados a infancias felices por parte de nuestros protagonistas, en mayor o menor medida, choca leer la que Thompson nos cuenta en Wonder Woman: La Auténtica Amazona. Bebe directamente de las clásicas historias que colman la extensa mitología grecorromana, en las que la crueldad de la vida se representa sin tapujos y sirve de cauce para determinar el destino de sus personajes. Aquí nos muestra a una niña que es amada y cuidada por toda una ciudad, con lo que se convierte en vanidosa, temeraria e irreverente con su propio pueblo. Una niña de mamá imbécil y malcriada, que deberá aprender la rectitud necesaria a base de golpes y giros inesperados de guión. Y es que, pese a todo el ámbito fantástico que rodea a la obra, son esos momentos de curas de humildad y situaciones serias que le otorgan a la historia ese empaque y toque real que la hace tan próxima al lector. Aunque pueda parecer una herejía la idea de transformar así el origen de Wonder Woman, la manera en la que lo hace Thompson es simplemente perfecta, llegando a ser un pasado totalmente factible y lógico una vez acabado el cómic.

Una de las grandes bazas para narrar la historia con ese toque de los Cuentos de los hermanos Grimm es el apartado artístico. El dibujo de Jill Thompson es una auténtica maravilla visual y le viene como anillo al dedo a lo que nos quiere contar. Ese trazo fino que no tiene un entintado como tal, sino que se apoya en los colores que necesita en cada dibujo para marcar la figura. Ese coloreado manual, recordando al arte callejero de todos esos artistas desconocidos que hacen maravillas con los lápices y los rotuladores. La autora americana es una auténtica maestra de la narración y de crear historias, que además tiene el don de dibujar como los malditos ángeles. La mujer de Brian Azzarello tiene más premios Eisner que ladrillos tiene mi casa. Lleva toda una vida siendo una referente en el diseño de personajes y si tuviese que nombrar todos los título, personajes, sellos editoriales, libros o películas en los que ha trabajado, seguramente tendría que hacer varias partes de reseña. Y es que Jill Thompson es demasiado grande.

También hay acción, no desesperéis.

En conclusión, nos encontramos ante un nuevo origen de la mujer maravilla contada por la mejor autora que ha existido jamás en el mundo del cómic. Da igual si eres un amante del noveno arte o sólo un lector que pasaba por allí, te va a gustar igualmente. Además contamos con la versión en español que ha traído ECC Ediciones a nuestro país, a un precio relativamente barato viendo la calidad de la obra. Es el regalo perfecto y un imprescindible en la estantería del fan de Wonder Woman. A mí, por lo menos, me ha ganado.

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