YO YA NO LEO TEBEOS

De etiquetas, clasificaciones, nombres, semántica y complejos.

Por Javier Marquina.

Me puede. Es algo que no soporto. Que me saca de mis casillas. Que me hace pillar un cabreo monumental, de los que consiguen que lances espuma por la boca mientras lanzas imprecaciones sin sentido y realizas enormes aspavientos con los brazos. Me jode. Me jode de esa manera profunda en la que lo hacen las cosas que te tocan la fibra, traspasando tu corazoncito y causándote dolor. Me duele, sobre todo porque me importa. Y sé que es un tema recurrente y manido, algo cansino, al que se alude de un modo casi cíclica, pero es que poseo una especie de medidor que se va llenando cada vez que escucha una frase y que, de vez en cuando, desborda.

“Yo ya no leo cómics. Yo leo novela gráfica”. “Yo YA no leo cómics”. A ti lo que te pasa es que eres imbécil. O ignorante. O una mezcla de las dos cosas. Quizá no lo sepas, pero lo eres. Y te lo digo sin acritud. Sin ánimo de ofender. Con un emoticono sonriente al final de la frase. De buen rollo. Porque si lees novela gráfica, estás leyendo un cómic. Aunque no lo quieras reconocer. Aunque te dé vergüenza. Aunque seas una de esas amebas comatosas con miedo a mostrarse tal y como es; con pavor a reconocer ante todos sus filias intelectuales; con pánico a decir en público que es consumidor y aficionado a un arte lleno de posibilidades, una expresión de la creatividad humana en toda la extensión de la palabra. Quizá ya no quieres que sepan que de pequeño leías cómics de Spiderman o de Superman o de Los Vengadores y que, para más inri, te lo pasabas bien haciéndolo. Quizá te avergüenza reconocer que llegada la adolescencia, lleno de complejos de inferioridad, acné meteórico y aterrado por la decepción que podrías causar en ese grupo de neardentales aficionados al balompié con el que te relacionabas, renegaste de lo que te gustaba en un intento estúpido de parecer todo un hombre. “Los cómics son para niños” le dijiste a tu padre cuando te preguntó la razón por la que habías dejado de leer. Una afirmación del nivel intelectual de la anterior. Una gilipollez como la copa de un pino.

Pero claro, la semilla estaba plantada. La larva de una afición que viene impresa en nuestra genética ya había arraigado en tu interior. Necesitabas los tebeos. De una forma primordial que apenas podías identificar. Con un impulso básico que latía con una fuerza creciente e inexorable. Un deseo que la industria, esa ramera babilónica, sabe bien como complacer. La industria, sí, esa misma que te ha convencido a base de formato, calidad del papel y precio de que estás haciendo algo alejado de lo que realmente estás haciendo. Que te ha vendido la moto y, en una maniobra magistral, ha sacado del gueto, del sótano mohoso llenos de frikis sudorosos carentes de habilidades sociales, una afición estereotipada que necesitaba universalizarse. Una afición que, al contrario de la creencia popular digna de un país lleno de analfabetos que retozan en los lodos de programas llenos de putas silicondas y gilipollas tiesos de gomina, practicamos una cantidad creciente de gente “normal”. Sea lo que sea eso.

Así que llegaste un día a la librería por la que paseabas para nutrirte de libros de George R.R. Martin y, de repente, encontraste justo lo que buscabas. Entre columnas neoclásicas y suelos de madera vieja diste de bruces con una estantería en la que destacaba un rótulo: NOVELA GRÁFICA. Y, entonces, un mundo de posibilidades se abrió ante ti. Ya tenías todas las excusas necesarias para dignificarte, para convencerte a ti mismo de que lo que ahora hacías sí tenía un sentido cultural y adulto muy alejado de las capas, el spandex, los argumentos de ciencia ficción y los nombres rimbombantes. Un universo de tapas duras, ediciones cuidadas, historias autobiográficas, material profundo y autores ilustres y sesudos te daba la bienvenida. Hola. Bienvenido de nuevo a la historieta. Sí. A LA HISTORIETA.

Por mucho que te duela, estás leyendo tebeos. Te jodes. Porque aunque no todo cómic es novela gráfica, sí podemos decir que toda novela gráfica es un cómic ateniéndonos a la escueta definición que da la RAE. Así que sí. Aunque te escueza. Intenta quitarte de la cabeza esa idea de que tu no lees “tebeos”. Porque al decirla, en lugar de dignificar tus siempre respetables gustos, denigras los de los demás. Me parece perfecto que solo quieras leer algo que gracias a maniobras comerciales se ha convertido en reclamo perfecto para toda una generación que, como tú, se sintió lejana y apartada de un material que se le quedaba pequeño y que había dejado de satisfacerle. Pero deja de decir que no lees tebeos. Por favor. Porque luego te pillamos en La Central con un ejemplar de la edición deluxe de Watchmen exclamando lleno de dignidad hipster que tú solo lees novela gráfica, y entran ganas de comprarse un hacha y perseguirte por toda la avenida ciegos de ira y de intenciones homicidas.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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