Yo, asesino. Hablando de todas las cosas.

Una vez más, un cómic superlativo sirve para que podamos disertar sobre conceptos morales complicados y muchas veces incuestionables. Y es que no hay nada sagrado que la ficción no pueda despedazar.

Por Javier Marquina.

Yo, asesino ha sido publicado en España por Norma Editorial.

La mayoría de las veces, cuando quieres hablar de todo, acabas hablando de nada. Si ademas ese todo es un compendio de problemas morales, sociales, culturales, políticos y sentimentales, te arriesgas a crear un pestiño infumable de los que dan dolor de cabeza con solo mirar la portada. Sin embargo, en contadas ocasiones, cuando alguien con la cabeza amueblada plantea una historia inteligente en la que todos estos elementos tienen su razón de ser, se enciende un foco de luz cegadora y nos encontramos con un trabajo admirable, uno de esos que quedan para el recuerdo.

Yo, asesino es una historia que habla de crimen, arte, filosofía, moralidad y ética. Del terrorismo ideológico, de la corrupción en la Universidad, del independentismo, de la estupidez que a veces se impone en la creación artística, de los matrimonios fracasados y de las relaciones personales. De asesinato, de sexo, de envidia, de estupidez, de crueldad, de onanismo ególatra. Y todo en 136 páginas. Y encima lo hace de manera brillante. Con un par.

Yo, asesino es un libro que te invita a reflexionar. De esos que, cuando los acabas, te quedas mirando fijamente la portada mientras en tu cabeza bailan la conga un montón de ideas sugeridas por la lectura, removidas por las palabras de lo que acabas de ver. Ideas a veces incómodas y desagradables, y no porque hablen de asesino que despedazan a sus víctimas sin remordimiento en aras de un concepto elevado e intangible como el arte, sino porque hablan de lo más sucio, podrido y triste del espíritu humano. Hablan de nosotros. de lo que somos. De lo que no queremos ser. De ese reflejo que nos repugna pero en el que no es tan difícil reconocernos.

Yo, que soy firme defensor del entretenimiento puro, de esas obras que no te marcan, que no dejan huella, esos trabajos compresa que no traspasan y sólo ocupan un rato de tu vida y te libran de la trabajosa tarea de pensar, reconozco que el valor de cómics como éste, que te invitan a la reflexión en cada una de sus páginas, es imprescindible. Una obra de una profundidad abrumadora, llena de niveles, de argumentos, de detalles, de gritos, de denuncias, de susurros. De sangre, de odio, de miedo, de indiferencia. Un cajón enorme lleno de cosas, pero no uno de esos desastres en los que guardo las herramientas que nunca utilizo enredadas en cables, clavos, plásticos y cartones. No un caos de conceptos confusos. Yo asesino es una estantería compartimentada, ordenada, clara y bella en su simple complejidad. Un disparo de francotirador a una sociedad displicente, enferma, egoísta y bochornosa. Un golpe de remo en toda la frente a un cadáver que no sólo se obstina en no ahogarse, sino que hace esfuerzos denodados por subirse a nuestra barca y hundirla.

Yo, asesino es un cómic oscuro, lleno de sombras, ilustrado con maestría por Keko, un autor que domina las luces y los matices, y los pone al servicio de una historia de violencia cruda, tan negra como la tinta que lo define. Un cómic sin concesiones, punteado en rojo sangre para incidir en la terrible crueldad del asesinato, en la estridencia casi dolorosa del crimen. O de la revelación. O del arte. Uno de esos cómics clásicos que ya no puedes imaginar dibujados por otra persona. Una obra maestra instantánea.

Yo, asesino es un premio, y no sólo para los autores que se han visto merecidamente reconocidos en Angulema con el Gran Premio ACBD de la Crítica en Francia, sino también para todo aquel que se acerca a él con ganas de recibir una de esas bofetadas que se dan no para herirte, sino para despertarte.

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Acerca de Javier Marquina 203 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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