Yo confieso: No me gusta el merchandising.

Podré acumular todos los cómics, libros, películas, series o videojuegos que caigan en mis manos pero creo que poseer doce tazas de superhéroes (por supuesto jamás usadas) ya es pasarse de castaño oscuro. Será una opinión impopular, pero es la mía.

Por Javi Jiménez.

Se que este es un problema mío y solo mío*. Aparentemente todo el mundo ama el merchandising, ese gran concepto que engloba desde figuras de acción de coleccionista, props de series y películas a camisetas, tazas, lápices, coches, dildos, escobillas de w.c o, básicamente, cualquier bien de consumo al que le echen el ojo los de marketing.  La gran pepita de oro que aprendió a minar la industria con Star Wars aprovechándose del fenómeno fan para alimentar la gran hoguera del capital, sigue hoy brillando más que nunca.

Como siempre, Los Simpson un paso por delante.

Es muy interesante dar un vistazo atrás y ver la forma en la que ha cambiado esto del merchandise. Primero fueron objetos de coleccionista que solamente se podían adquirir a cierto señor en Tenesse y hechos para una minoría de locos, pero pronto pasó a hacerse omnipresente no solo en tiendas especializadas sino en cualquier gran superficie y hasta en la papelería de tu barrio.
Ya pasó el tiempo de intercambiar fotocopias de Son Goku**, ahora tienes a tu disposición millones de artículos con las caras de tus personajes favoritos.
El negocio se ha transformado; puedes comprar en lugares dispares que van desde en la típica tienda especializada, esos verdaderos templos de lo freak, hasta los nuevos negocios por internet de venta de camisetas como qwertee (¿alguien se acuerda de lo loco que era encontrar una camiseta con personajes de una serie que te gustase?) con mil y un crossovers bizarros y mil y un modelos; o los sistemas de suscripción en los cuales cada mes te mandan una caja llena de chorradas material. Si no los conocías y te gustan estas cosas, lo siento por tu cartera.

¿Era necesario? Cuánto más la miro, más pienso que sí.

¿Ha llegado esto a un punto en el que el merchandise está desplazando al material original? Echad un vistazo y ved cuanto espacio ocupa en un gran almacen la zona de merchandise y la de cómics/películas/series/libros y cómo ha ido evolucionando los últimos años. Lo cierto es que vende y el maltrecho sector lo agradece: nadie puede piratear una figura articulada de edición limitada.

¿Por qué esta obsesión repentina con el merchandise? Una de las razones hipotéticas, supongo que no demasiado alejada de la realidad, es que los modelos de distribución actuales (el streaming, las compras digitales o incluso la descarga pirata), han hecho que no sea tan vital poseer el objeto de consumo en formato físico, ese libro/película/serie/cómic/videojuego que tanto nos flipa, y preferimos llevarnos a casa un cachito de ese mismo universo en forma de maravillosa figura Funko. A fin de cuentas la colección de Funkos queda mucho mejor en la estantería que una de cómics o Blu Rays, nadie lo va a negar.

Pues yo digo no. En mi casa no entran más trastos.

No vaya a ser que termine así.

Si ya es bastante duro buscar espacio en las estanterías para los libros y cómics que tu síndrome de diógenes cultural esta acumulando, lo único que falta es llenar la casa de más chorradas. Porque, con todo el respeto del mundo para los que coleccionan, a mi es lo que me parecen. Son figuritas que acaban acumuladas en alguna vitrina siendo sujeto pasivo de tu placer al contemplarlas, mientras se llenan de polvo que hay que limpiar para que no desluzcan, que no tienen más objetivo que ser observadas y quizás ser motivo de orgullo ante el incauto visitante a tu santuario freak.

Porque como ya nos engañan bastante haciéndonos pagar casi 6 euros por un bolígrafo de Harry Potter, yo prefiero gastarme 30 cent. en uno que probablemente perderé antes de que lo termine y gastarme el resto en apoyar al producto cultural en sí.

O así… Sustituid el oro por Funkos.

Es difícil no sucumbir porque cada vez los cacharros son más molones. Hay figuras que quitan el hipo (¿alguien ha dicho Hot Toys?) y mil chorradas que desatan tu codicia y te ponen cara de hiena. Están hechos para eso, a fin de cuentas. En mi caso,  trato conservar la mente fría y pensar el porcentaje de disfrute que  va a aportar su posesión en relación al  precio que hay que pagar por poseerla y pensar si no sería mejor gastarme ese dinero en la pila de libros pendientes.

Ya les digo, es algo personal, pero me gustaría saber vuestra opinión ¿en tu casa van a entrar más figuritas?¿Vas a convertir tus aposentos en la cueva de Smaug? ¿No puedes creer lo que acabas de leer? ¡No te lo guardes para ti!

*Este artículo refleja una opinión impopular e impresiones exageradas sobre el coleccionismo. El propio autor posee algunas de estas chorradas, lo que no deja de ser una hipocresía por su parte. Por favor estrujen su pelota antiestrés de Hulk antes de dejar un comentario y no manden ningún paquete bomba a la redacción.

**No he vivido esto, pero sale en el documental de Dragon Ball Songokumanía: El Big Bang del manga y me parece fascinante.

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Acerca de Javier Jimenez 181 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

3 comentarios en Yo confieso: No me gusta el merchandising.

  1. Yo confieso: los superhéroes me producen sopor, pereza, indiferencia… y hace no mucho me pillé un tomo de marvel, que por supuesto he acumulado con los otros tantos que tengo de superhéroes (que no son pocos) sin leer. Y de paso confieso que me vuelven loco Frederik Peeters, Clowes…
    El merchandising… algunas cosas bien, otras meh…

  2. Tienes toda la razón del mundo en que a fin de cuentas, la mayoría del merchan sólo sirve para acumular polvo y son chorradas que quitan espacio. Sin embargo confieso que de vez en cuando una es débil y cae alguna cosilla de alguna peli/serie/libro que me guste muchisísimo.

    ¡Saludos!

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