YOJIMBO. Por un puñado de yenes.

Porque nunca está de más saber el origen de las cosas hoy vengo a hablar de Yojimbo, de Akira Kurosawa.

Por Teresa Domingo.

Ahora que el nombre de Yojimbo resuena en nuestras cabezas gracias a la reedición de Planeta Cómics de Usagi Yojimbo, no somos pocos los que visualizamos en nuestras mentes la película original de dónde surgió la idea para desarrollar las aventuras de conejo samurái y alguna que otra producción de renombre. Reconozco que el reciente visionado de Silencio, la época en la que discurre y el vestuario que han diseñado para ella (sobre todo el calzado) también ha colaborado para que tirase de filmoteca en pos de volver a ver esta maravilla del cine.

El gran Toshiro Mifune da vida a Sanjuro Kuwabatake, un ronin (un samurái sin señor, para los recién llegados) que llega a un pueblo dividido por dos, pues dos son los caciques que dominan el lugar. Aquel que forma parte de un bando no puede hacerlo del otro y ningún negocio prospera, excepto el del sepulturero, que no da abasto para surtir de ataúdes a todos. Sanjuro siente enorme desprecio por estos coartadores de la libertad del pueblo, pero hace creer que tomará partido en esta constante e interminable guerra por aquél que le pague más dinero por contar con un samurái experimentado entre sus filas, pues cada señor contrataba asesinos a sueldo según iba necesitando efectivos.

Akira Kurosawa estrenó su Yojimbo en el año 1961 con el respaldo de los estudios Toho para la producción y gracias a la que logró hacerse con varios premios técnicos, entre los que destaca el de vestuario. Tal y como mencionaba antes, el aclamado diseño de vestuario y escenografía de la película de Scorsese recuerda irremediablemente al usado por Kurosawa. Siempre menciono y alabo el trabajo de documentación de esta parte del equipo de un rodaje porque resultan fundamentales para recrear cualquier época pasada o futura y que nos creamos toda esa magia que los guionistas han ideado para nosotros.

La creación de los personajes y la elección de los actores que van a interpretarlos para llevar el peso de la acción también es fundamental y, desde el aclamado Toshiro Mifune en el papel del ronin que no te mata con la katana sino con la mirada (y que también logró alzarse con varios premios por esta actuación), hasta el último habitante del pueblo tiene sentido en la historia. Todos aportan lo que resulta necesario para que  la trama evolucione hasta culminar en el apoteósico desenlace.

Con su estilo inigualable y su habilidad para colocar la cámara donde se precisa, creando planos nuevos, originales y memorables, el cine de Kurasawa, y Yojimbo muy especialmente, supuso una revolución en las películas sobre el Japón feudal del siglo XIX. Y del western.

Sí, sí. Del western. No es nada nuevo que Kurosawa era un gran aficionado del género, de hecho en Yojimbo podemos ver a un forajido con dos revólveres en las cartucheras, pero fue Sergio Leone el que hizo que confluyeran ambos géneros y que el nombre de Yojimbo estuviera para siempre ligado a las películas del oeste. En 1964 Leone rodó Por un puñado de dólares. Sólo hay que ver ambas para ver que son la misma película, y aunque el director italiano al principio decía que no, sólo tuvo que tener un pequeño rifirrafe judicial con Ryuzo Kikushima, el guionista de Kurosawa, por los derechos de autor. Tras retrasar el estreno de la de Leone y reconocer que Por un puñado de dólares es un homenaje a Yojimbo, el altercado resultó un éxito para todos.

Leone lo petó y, gracias al talento de Kurosawa, estableció no pocas bases para próximos rodajes del género western, con nuevos planos, distancias y profundidades de campo. Por mencionar un par, la primera aparición de Toshiro Mifune cuando llega al pueblo (y la de Clint Eastwood en la versión occidental) es memorable, así como la batalla final, cuyo rodaje (y montaje) es una de las lecciones de narrativa y composición cinematográficas que ningún aficionado al medio debería perderse.

Por su parte, Kurosawa, con el retraso de Por un puñado de dólares, consiguió el margen suficiente para rodar Sanjuro, la secuela de Yojimbo y concluir las aventuras del ronin y todas esas escenas de lucha tan potentes en las que el director se siente tan cómodo y nosotros tan agradecidos.

Existe otra versión de las aventuras de este peculiar samurái que no sé si quiero que conozcáis. No es la primera vez que me pronuncio sobre las versiones calcadas pero con producción americana que sólo existen porque su público jamás apreciaría una obra de arte de este calibre en un trabajo extranjero, pero merece la pena mencionarlo porque Last Man Standing, el remake perpetrado por Walter Hill es una versión legalmente autorizada por Kurosawa, no como la genial adaptación de Leone, protagonizado por… ¡Bruce Willis! 

Así que si queréis conocer de primera mano los orígenes del conejo samurái del que todos hablan o empaparos de auténtica historia del cine acercaros a Yojimbo y si, por lo que sea, aún no lo habéis hecho, a Por un puñado de dólares. La de Willis, si eso, ya tal…

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Si es creepy, es para mí.

2 comentarios en YOJIMBO. Por un puñado de yenes.

  1. La escena en la que aparece Toshiro Mifune acercandose a los bandidos me parece uno de los mejores planos que he visto en una película. Simplemente impresionante.

    • Totalmente de acuerdo (no pude resistirme a ponerlo en la reseña). Es un final épico que deja a cualquiera con la boca abierta. Capta toda la esencia y la fuerza del samurái aunque esté a tanta distancia. Kurosawa potencia esas cosas sin efectos, sólo con la cámara y por eso es tan grande.
      ¡Gracias por el comentario! :)

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