EL INFIERNO DEL DIBUJANTE, de Kiko da Silva

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿El arte o el artista? ¿Manuel Pardo o Kiko da Silva? Preguntas que todos conocemos la respuesta, pero ninguno las queremos aceptar. Bienvenidos a El Infiero del Dibujante.

Por Joe Runner.

¿Qué nos pasa que cuando alguien ve en nuestro trabajo trazas o parecidos con otra persona nos toca bastante la moral? Es extraño la obcecación que tenemos con que algo sea 100% original, cuando eso es prácticamente imposible. De hecho una de las cosas que distingue a la raza humana de las deidades es que ellas pueden crear cualquier cosa desde cero, sin necesidad de tener ningún patrón anterior. Bueno, menos cuando deciden crear animales a su imagen y semejanza, derrochando una cantidad ingente de onanismo por cada uno de sus poros y agujeros no-corpóreos. Dejando el tema de seres fantásticos aparte, lo cierto es que el ser humano es incapaz de crear algo de la más absoluta nada. No se puede. A lo sumo somos capaces de imitar a la naturaleza y a partir de ese punto desarrollar nuestra idea. Pero necesitamos un punto fijo, un motor perfecto que nos sirva de guía. Por ello es que sea normal que todos tengamos una pizquita de todas las personas que nos rodean, las ideas, los conceptos o incluso los movimientos que están en constante contacto con nuestro alrededor. Estoy seguro de que tengo mil y un aspectos que he ido adquiriendo de mis compañeros redactores, de figuras tan importantes como Javier Marquina, Teresita Sunday, Sergio Mena o incluso Ferran, por poner algunos ejemplos cabeciles. Creo que lejos de ser una vergüenza, es un halago poder aprender de otras personas, indiferentemente del campo en el que se trate, enriqueciendo tu criterio y ampliando la experiencia adquirida por los demás, ahorrándote todo ese camino por recorrer.

Pero siempre existen las excepciones. Como si de una anomalía se tratase, cada cierto tiempo siempre aparece gente brillante e ingeniosa que es capaz de estar varios pasos por delante de sus coetáneos, como si se tratasen de pequeños náufragos temporales y hubiesen terminado encallando en una época que no es la suya. Personas demasiado adelantadas a su propio tiempo, siendo incomprendidos por saltarse varios puntos de la cadena evolutiva de su campo. Personas como Manuel Pardo, un veterano dibujante que ha vivido en sus carnes el peor de todos los males para un artista: que se te adelanten en tu propia creación. Él nunca ha necesitado tener un punto sobre el que apoyarse, ya que su visión moderna y su concepto de la realidad le deja ser un auténtico genio en su medio. El único problema es que cada vez que ha intentado presentar una de sus invenciones, siempre ha aparecido algún artista que se le ha adelantado, quitándole el mérito y mandándole al denostado mundo de los imitadores. Pero esta vez la cosa va a cambiar. Por fin ha encontrado la clave para que nadie pueda robarle su idea. Su próxima historia estará centrada en él mismo y en todos sus años de infortunio. Ahora ya no habrá nada que pueda arrebatarle el ansiado placer del reconocimiento… ¿O quizá sí?

La metaficción tiene algo que, si el autor sabe utilizarlo bien, me vuelve loco. La idea de Kiko da Silva de inventarse a un personaje que parece tan real como ficticio es, hace que este cómic se convierta en una auténtica maravilla. Porque sí, lo sencillo habría sido crear a Manuel y habernos enseñado como gente como Ibáñez, Goscinny, Morris, Quino o Trondheim siempre se le habían adelantado en cada una de sus creaciones y ya sería una obra graciosa por sí misma. Pero lo de cruzarlo en su camino, convirtiéndose el mismo da Silva otro de los autores que le mandan al limbo de los olvidados, es sencillamente genial. Por si fuera poco, todo esto aderezado con un apartado visual de lujo, en el que el autor deja bastante claro que la capacidad que tiene para adaptarse al arte de cualquiera de los grandes maestros del noveno arte es sublime. Además, lo de ver historietas de Mafalda, Lucky Luke o Mortadelo y Filemón con críticas sociales actuales le da a todo un toque tan extravagante que rompe la marcada temporalidad de esas obras, dejando al lector con una sonrisa a la par que lee extrañado aquello que a todas luces parece una cosa, pero que en realidad no lo es.

No en balde El Infierno del Dibujante ganó el Premio de Banda Deseñada Castelao del 2014, aunque todavía no tenemos claro si el campeón fue Manuel Pardo o el mismo Kiko da Silva. Lo que sí está claro es que es un cómic dirigido para la gente que ama el noveno arte y realizado por otra persona que también lo adora desde lo más profundo de su corazón. Sino la cantidad de referencias no sería tan abrumadora y en ocasiones sutil, en la que podemos encontrarnos con claros guiños de monstruos del cómic nacional como Miguelanxo Prado (en protagonista de nuestra obra), Germán García o Paco Roca, aunque he de admitir que el que más me ha llegado a la patata de todos es su especial versión de Calvin & Hobbes. Todavía estoy alucinando de la capacidad de este dibujante de transformar su arte en aquello que quiere, pero me ha conquistado salvajemente. De ahora en adelante, el señor da Silva tendrá un fiel seguidor de su trabajo. A ver si con un poco de suerte se me pega algo…

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Joe Runner 46 Articles
Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Isla. Vivo mejor que quiero.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.