EL JUGADOR DE AJEDREZ. La obsesión necesaria.

Esta adaptación de la Novela de Ajedrez por parte del autor francés David Sala, es un claro ejemplo de que las adaptaciones pueden ir en ambos sentidos y que el noveno arte todavía tiene mucho que decir.

Por Joe Runner.

Al principio lo haces como vía de escape, como un nuevo pasatiempo con el que llenar esas horas muertas o buscando hacer algo que se salga de tu aburrida y monótona vida. Llega el momento en el que ese bonito hobby pasa a ser una pequeña obligación, pero sigues viéndole la parte divertida inicial, esa que hace que busques algo nuevo que leer para luego devanarte los sesos averiguando cómo seguir un patrón repetitivo y simple. Más tarde adaptas tu estilo, lo llevas a tu terreno, casi poniendo una pequeña parte de tu espíritu en cada artículo que escribes, un reflejo de tu alma, de lo que eres en el preciso instante en el que estás pulsando las teclas que acabarán convirtiéndose en las palabras idóneas, las adecuadas. Termina siendo una obligación más en tu ajetreada vida, pero es aquella que decides hacer por voluntad propia, o eso crees. Porque lo que empezó siendo un inocente juego se convierte en tu vía de escape, en aquello que adapta al resto de situaciones de tu vida, una obsesión que ha sabido calar hondo sin hacer ruido, siendo algo supuestamente sano y aconsejable. Y ya no puedes vivir sin ello. Fantaseas con poder volver a tener una vida alejada de todo esto y no darle importancia a las cosas, pero no puedes desprenderte de algo que ya es parte de ti. Como cortarse un brazo o cambiar una ideología por otra totalmente contraria. Se puede hacer, pero no por ello deja de ser doloroso y terrorífico. El miedo a la pérdida de nuestra nueva cordura, nuestro motor perfecto. Porque al fin y al cabo todos tenemos nuestra burbuja, nuestra percepción de estabilidad, rechazando el concepto de lo efímero.

Debido a todo lo mencionado anteriormente, conforme terminé de leer El Jugador de Ajedrez, no pude evitar caer en la reflexión de que me encuentro en una cárcel mental autoimpuesta, como el protagonista de esta obra. En ella se narra la historia de un paquebote que zarpa de Europa con destino a Argentina y en él, junto con una gran cantidad de señores adinerados, se haya el gran campeón del mundo de ajedrez. Una persona austera y silenciosa que termina aceptando la petición de echar una partida con estos señores a favor de una buena suma económica. Lo que nadie esperaba era la entrada en escena del misterioso señor B, un tipo que hizo del juego del ajedrez su única vía de escape mental del cruel aprisionamiento nazi que padeció. Pero lo que comienza siendo un simple pasatiempo, acaba convirtiéndose en algo más que una obsesión, algo que le marca profundamente… ¿Quién será el campeón en este duelo definitivo?

Con una premisa aparentemente tan sencilla, David Sala logra narrar una historia que va ganando poso con el pasar de las páginas, haciendo mucho más profunda la historia al transcurso de esta. Se trata de una adaptación de la Novela del Ajedrez del austriaco Stefan Zweig, la cual no he leído y no puedo hacer ningún tipo de símil entre ambas. Tampoco creo que sea totalmente necesario haber leído su novela para disfrutar plenamente de la obra del autor francés. En el cómic podemos comprobar la crueldad de los nazis, su manera de torturar a la gente sin hacerle ningún tipo de daño físico, sabiendo manejar a aquellos que tenían el capital nacional para que terminaran desmoronándose psicológicamente y siendo los títeres útiles que buscaban conseguir. Algo que no nos sorprende en demasía sabiendo cómo se la gastaban los fascistas alemanes. Pero en realidad todo esto no es lo más atrayente de la obra, sino que queda como interludio anecdótico para aquello que termina siendo el reclamo del lector.

Gracias a una presentación de personajes muy inteligente, el autor francés nos deja claro el tipo de personalidades que tienen tanto el ganador mundial de ajedrez como nuestro protagonista. Ambos distan mucho de ser perfectos, de hecho comparten un destino final partiendo de un origen totalmente contrario: el primero tiene un don natural para el juego, mientras que el señor B ha desarrollado esa capacidad a base de repetición. Una lucha titánica que se reduce a un simple tablero cuadriculado y figuras de distintas formas y movimientos. Eso sí, todo ello con un apartado gráfico que es un absoluto escándalo que recuerda a pintores de la talla de Edvard Munch, Egon Schiele o Gustav Klimt. Un desglose de calidad en cada una de las viñetas que valen su peso en oro, jugando con las percepciones, los colores y las tonalidades de manera sublime. El gran punto fuerte de la obra que deja maravillado al lector, amén de que consigue narrar la historia perfectamente, sin dar esa falsa sensación de estaticidad.

Ha sido por estas razones, tanto el guion como el arte, por lo que no he podido evitar sentarme frente al ordenador y escribir un artículo sobre la obra del señor Sala. Porque cuando me encuentro con algo tan bueno, no puedo simplemente leerlo y ya; siento la necesidad de escribir sobre ello. Es mi obsesión, mi pequeño pasatiempo transformado en leviatán que me devora poco a poco y que marca el ritmo de mi vida. Y sabes que es tan serio cuando, a vistas de las vacaciones y el parado forzoso de escritura, empiezas a buscar opciones para no dejar de escribir. En realidad os envidio. Ojalá yo también pudiera sentarme tranquilamente a leer El Jugador de Ajedrez, paladeando cada una de sus páginas. Os envidio demasiado.

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Acerca de Joe Runner 46 Articles
Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Isla. Vivo mejor que quiero.

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