El Rey León, Psicosis y otros Remakes

Una vez más, con el anuncio del trailer del remake en imagen real de El rey León se abre el eterno debate a favor o en contra de los remakes, de su “utilidad” y de su “importancia”. Y un argumento que se esgrime con demasiada facilidad es que el primer remake (que no fue tal) fue un fracaso absoluto y completamente inservible. Y ahí es donde la nariz se me enciende cual D’Artagnan. Porque el remake de Psicosis de Gus Van Sant no sólo es un gran remake, también es una gran película por sí misma.

Por Andrés R. Paredes.

El director de Kentucky disfrutaba de su momento de mayor fama al haber estrenado en 1997 El indomable Will Hunting, una impresionante historia de superación protagonizada por Matt Damon y Robin Williams. Nominado al Oscar a mejor película, podía haber elegido cualquier proyecto que le afianzase en el Star System. Y sin embargo, en 1998, uno de los directores y guionistas más importantes de Hollywood tomó una decisión… extraña. O al menos, algo que en su momento, parecía moralmente incorrecto. Rehacer Psicosis para el público de los 90. Por supuesto, la idea de Remake no existía todavía. Existían ejemplos previos de autores que habían rehecho películas extranjeras o películas antiguas – Hitchcock había regrabado una de sus primeras películas, El hombre que sabía demasiado y el término era utilizado en Hollywood, pero el público Mainstream no lo conocía (y por lo tanto tampoco lo odiaba). Van Sant sería el primero en tomar el término y esgrimirlo como herramienta de promoción. Y se nota que era un pionero… porque no tenía muy claro qué hacía o cuál sería el resultado.

“If I hold a camera, even if it’s in the same place, it will magically take on the character. Our “Psycho” showed you can’t really appropriate. Or you can, but it’s not going to be the same thing”. Si algo demuestra la película de Van Sant es que la repetición es imposible. Nada es lo mismo dos veces. Es posible imitar, pero no se puede repetir. A lo largo de la producción de la película, Van Sant se dió cuenta de que resultaba imposible copiar el estilo y la forma del director inglés, que los actores no se podrían comportar de la misma manera, que los escenarios no serían los mismos. Así que si no podía copiar la película tal cual, debía ver hasta dónde podía forzar los límites de la imitación. Qué podía alterar para que la película continuase pareciendo Psicosis… sin serlo.

En primer lugar, al situar la acción en 1998, cambia radicalmente la percepción de la película. No estamos hablando de la misma moda, la misma forma de hablar ni el mismo estilo. En segundo lugar, añadiendo color. Lo que en un principio puede parecer un alejamiento radical de la adaptación plano a plano de la original que estaba planeada, no lo es tanto. Hitchcock ya tenía la posibilidad de grabar la Psycho en color en 1960, sin embargo la producción de la original fue muy complicada, y buena parte del dinero de la misma tuvo que salir del bolsillo del director inglés (la película para blanco y negro resultaba más barata que la película para color). Añadir el color en la película de Van Sant tampoco rompe del todo con la intención original del director inglés ya que al utilizar pasteles y blancos casi quemados que añaden un aspecto casi onírico o fantástico al film Gus Van Sant consigue un efecto agobiante en el espectador muy parecido al que conseguía Hitchcock en el film original apoyándose en planos medios y oscureciendo buena parte de  los rostros de los protagonistas. Y es que incomodidad es la sensación que queda en el cuerpo del espectador al ver este remake. El director de Kentucky se esfuerza en asustar, agobiar hasta la desesperación al público, a base de cambios en la banda sonora (recompuesta para la ocasión por Danny Elfman) y añadiendo efectos de sonido allí donde no tiene sentido, tan sólo para añadir “defectos” a la imitación.

Los planos que utiliza Van Sant cierran mucho más a los personajes y muestran mucho mejor sus emociones. Detalles sutiles que se perderían en un primer visionado de la original, aquí están mucho más claros. Quizá en cierta manera lo que se pretende hacer es que los personajes resulten menos superficiales mostrando con mayor claridad sus emociones. Y esto se nota también en cómo los actores trabajaron en sus papeles. Marion es en esta ocasión Anne Heche (¿Qué fue de Anne Heche? ¿Alguien sabe dónde está?), Una chica juguetona y divertida, que sonríe cada vez que mira los 400 mil dólares (se añade un cero sobre la cifra de dinero original, que eran tan sólo 40 mil dólares) y que sonríe a la hora de guardarlos. No son una preocupación o un peso como en la Janet Leigh original, no, aquí son un mcguffin divertido.

Uno de los elementos con los que nos es más fácil ver las diferencias y parecidos entre original y remake es a través de la arquitectura de la casa de Norman de ambos films. La casa original, digna de cuento victoriano en la que el monstruo espera la llegada del héroe, añade un efecto de infantil a la película, un hogar antiguo, con tejado rematado, y aspecto no tanto de casa como de antiguo castillo monstruoso. Sin embargo, para el Remake, Gus Van Sant utiliza un estilo arquitectónico más seco, más anodino. La casa, de un estilo típico americano se eleva de nuevo en lo alto de una colina, pero no tiene un aspecto estrictamente amenazador como en la original, si no fuera por sus muros rojos e iluminación naranja nocturna. Con una pequeña ampliación en la parte frontal, la casa funciona como una perfecta analogía del propio remake. Si, parece la misma casa (pero no lo es), si, prácticamente todo está en el mismo lugar (aunque no lo esté), y la sensación de la hermana de Marion al acercarse a la misma sigue siendo de terror (aunque no exactamente el mismo). También vale la pena destacar en esta analogía, que el añadido frontal de la casa de Bates en el remake puede responder a las líneas de diálogo y planos modificados de Van Sant.

La Psicosis de Van Sant contiene todos los defectos y virtudes de todos los remakes posteriores (/sobre todo los que pretenden ser una repetición plano a plano). Es imposible repetir algo en un arte tan exacto y picajoso como el cine. Los añadidos y las restas, los actores nuevos que interpretan (obviamente) de una manera diferente sus papeles, las ambiciones del director de recrear escenas pero dejar su marca… Van sant, al igual que el resto de creadores que le siguieron (y recordemos que los hay muy buenos, Fede Álvarez, Tim Burton, Haneke o Spike Jonze) no pretendía hacer una película mejor que la original. No pretendía eclipsar la obra previa, ni malinterpretarla ni restarle su importancia. Quería contar la misma historia y ver qué pasaría.

Ocurre lo mismo con los Remakes de acción real de disney. No restan importancia, no contaminan ni desmejoran las películas originales. Tan sólo tratan de contar la misma historia de otra manera, ni mejor, ni peor. Tan sólo diferente. Y lo diferente no es malo.

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