En tiempos como estos

Una de las finalidad de los cuentos de hadas ha sido hacer comprender a los destinatarios por medio de metáforas y símiles no solo los peligros sino también los entresijos de la vida real o el cómo y porqué de (casi) toda causa-efecto asociada al ser humano. Patrones y clichés emulando una realidad que, con el paso de los tiempos, hay que ir actualizando.

Por Cristina Hombrados.

Érase una vez un reino muy lejano con tintes que recuerdan esa Edad Media que aparece en los libros de historia, en la que el vasallaje es la orden imperante y la vida es ciertamente dura, salvo que hayas tenido la suerte de nacer bajo el signo cortesano en una familia con posibles, claro. Consideraciones a parte, ese reino con el que comenzaba, acababa de perder a su rey y veía cómo se postulaba como heredera su hija, una joven princesa que tenía intención de aceptar el trono simplemente por asumir su responsabilidad, aunque alzarse con el cetro no entrara en sus planes a corto-medio plazo. Érase una vez un buen número de nobles que veían en ese deceso una oportunidad para imponer su criterio y colmar sus ansias de poder ilimitado. Quizá no les fuera a resultar complicado, pues tenían un as en la manga: el hijo pequeño del difunto rey, un monarca alternativo al que entronizar, un pelele bajo el que organizar un escenario político y económico más acorde a sus intereses. Y en contrapartida a ese frente de interesados personajes, érase una vez un par de fieles y leales súbditos al rey finado que habían jurado lealtad eterna a la princesa, protegiéndola y prometiendo con palabras y hechos restituir el orden del derecho sucesorio que había sido alterado. Finalmente, érase una vez una serie de secundarios, gentes sencillas que poblaban caseríos, villas y ciudades, pero también otras gentes apartadas de y por aquellos a los que ya no consideraban sus semejantes. Gentes que, habiendo adquirido un tácito compromiso para con sus principios, rehuían una sociedad que les había dado la espalda. Denostados secundarios de relleno, esos que parecen no tener importancia alguna en los relatos, pero que un día comprenden que solamente en su seno es capaz de germinar la semilla del cambio que hará remover hasta los cimientos del cuento más sólido.

Resumiendo, érase una vez una extraordinaria aventura para recuperar el trono usurpado que lleva a la princesa Tilda y a sus servidores Tankred y Bertil en un periplo casi contrarreloj por diversos puntos de un reino harto castigado por la represión y una formidable hambruna que tienen su razón de ser en la avaricia de los señores feudales. No obstante, la irrupción de una antigua leyenda y la propagación de la firme convicción de que es momento de su cumplimiento, tornará a desbaratar tanto los destinos de esos míseros secundarios como los de la princesa y los de sus poderosos adversarios.

La Edad de Oro, de Cyril Pedrosa y Roxanne Moreil (Norma) supone un crisol de personajes que conforman una realidad que no entiende de pasado, presente o futuro. Porque estos personajes que campan por las viñetas bien pueden ser reflejo de nuestra sociedad: la del aquí y ahora. O de la de nuestros padres o abuelos. O la de cualquier otro ser humano en cualquier punto del planeta. Un tebeo que trasciende la épica y la epopeya, deviniendo en espejo del ansia del alma humana, una metáfora visual de la ambición, una persecución de los ideales hasta las últimas consecuencias, la utopía de que los tiempos mejores han de regresar.

No hay batalla más gloriosa y digna de ser recordada por generaciones venideras que aquella en la que se lucha por los derechos sociales. Estaréis de acuerdo en que en las verdaderas gestas no suelen intervenir animales fantásticos o hechizos. Esta historia de conquista social, no obstante, tiene magia.

Magia es lo que despliegan Cyril Pedrosa y Roxanne Moreil en este fabuloso relato. Y voy a abusar de la polisemia del adjetivo al calificarlo como un relato excepcional a la par que también traspone una realidad social que conocemos demasiado bien en una suerte de Edad Media.

Para Roxanne Moreil, una destacada activista del noveno arte, La Edad de Oro supone su primer trabajo aunque lleva mucho tiempo involucrada en diversos proyectos relacionados con el cómic. Entre ellos, la Maison Fumetti en Nantes, un espacio dedicado al tebeo y a las artes visuales que tiene como fin su promoción y la mejora de la escena local, nacional e internacional o edicions La Vie Moderne, editorial que puso en marcha precisamente junto a Cyril Pedrosa.

Así como el guión viene firmado por ambos, Moreil y Pedrosa, de la parte gráfica se ocupa Cyril Pedrosa en exclusiva. El historietista y dibujante de Poitiers ya es un viejo conocido por nuestra país por títulos como Los Equinoccios (Norma, 2015), Portugal (Norma, 2012) o Las tres sombras (Norma, 2008). Para aquellos que no lo sepan, Pedrosa es otro de esos autores con un pasado en los estudios Disney; en su caso, como animador de largometrajes. Las viñetas de La Edad de Oro dejan entrever trazos comunes a sus tebeos anteriores en clara evolución y en orgánica comunión con reminiscencias a tapices, iconografía de la Edad Media y la pintura flamenca de Brueghel, como él mismo ha reconocido en varias entrevistas. Sencillamente, un trabajo plástico fascinante.

Uno de los aspectos más destacados de este cómic que se presenta en un magno formato es, sin duda alguna, el uso del color que acompaña el despliegue gráfico, potenciando a la enésima potencia este formidable relato. Visualmente impactante, los tonos cálidos y los fríos se alternan y se combinan conformando una narración gráfica en la que lo onírico y lo épico se intuyen. Incluso lo sobrenatural. Porque aunque no estamos muy seguros de si el factor fantástico está presente en los acontecimientos que se van desarrollando, el lector percibe ese regusto a magia en todas y cada una de sus viñetas. Una magia que emana del poder de un texto antológico. El poder de un legendario escrito y la transformación que supone para toda la sociedad conforme avanza el relato y va cobrando forma la existencia de tal manuscrito. ¡Ay, amigos! El verdadero poder y sabiduría se halla contenido en las escrituras.

El proyecto de Moreil y Pedrosa concluirá en un segundo tomo. Hay que decir que desde la gestación del primero ha venido levantando gran expectación. Antes de publicarse se habilitó un blog en el que se fueron colgando sucesivamente los capítulos. Todo el material extra que recogía (entrevistas, bocetos, etc.) todavía es consultable. Y muy recomendable, por cierto.

Es en tiempos como estos, tiempos como el presente que se vive en el tebeo de Pedrosa y Moreil, en los que la zozobra y el desánimo se adueñan de los seres humanos, cuando añoramos el pasado. Ese pasado del que una vez nos hablaron, que en poco se parece al presente por todo lo que se ha perdido y que, por qué no, aún sería posible volver a él, actualizarse en nuestro presente gracias a la acción, compromiso y sacrificio de algunos de nuestros semejantes. Así, es en tiempos como estos cuando con más ansias buscamos la Edad de Oro.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.