Isla de Perros. Wes Anderson y el stop motion renuevan votos

Isla de Perros - Cartel

Después de ver la genial Fantastic Mr. Fox esperaba con muchas ganas la nueva cinta de animación en Stop Motion de Wes Anderson. Eso es bastante decir ya que ni soy especialmente fiel a Wes Anderson y su filmografía ni tampoco un espectador de cine que sea capaz de ir a ver una película mientras está en cartelera. Al final los cielos se alinearon y fui a ver Isla de Perros.

Por Javi Jiménez.

La Isla de Perros está localizada junto a Megasaki, una ciudad ficticia de la costa de Japón. Esta Isla era poco más que un vertedero hasta que el alcalde de la ciudad (probablemente influido por los enemigos ancestrales de los perros: los gatos) decide desterrar a todos los canes de la ciudad. Al parecer una enfermedad se ha propagado por todos ellos de la ciudad y a pesar de que una cura está casi lista se acaba optando por  desterrar a todas nuestras queridas mascotas. Menos mal que el Pequeño Piloto Atari Kobayashi, sobrino lejano y protegido del alcalde, ha decidido no abandonar a su perro guardaespaldas y decide ir a la Isla de Perros en su búsqueda.

Como es de esperar Isla de Perros es una entrañable aventura en la que un grupo de canes ayudan a Kobayashi a reencontrarse con su perro. Así contado parece una película Disney pero Wes Anderson adereza la historia para que no nos quede insípida. La película conjuga este componente de aventura entrañable tan propio del cine infantil con un humor negrísimo del que sobre todo hacen gala los sarcásticos protagonistas peludos, entre los cuales brilla  Chef, al que pone voz Bryan Craston , un perro callejero y poco amigo de los humanos. Aventuras, sentimentalismo y humor funcionan muy bien combinados sin embargo el gran protagonista es el humor. Durante la película a mi y a gran parte del cine nos sacaron sonoras carcajadas con gags visuales y chascarrillos.

En el sentido más estético Isla de Perros se sale. Una producción en stop motion es siempre un trabajo meticuloso y si Wes Anderson anda de por medio os podéis imaginar el faenon que fue. Más de 1000 marionetas y 140 sets realizados en una producción que empezó en 2015. El resultado no desmerece, la animación es muy fluida y cuesta creer que los personajes sean marionetas. Todos los personajes tienen un gran diseño, sobre todo los perros, que les dota inmediatamente de carisma y personalidad propias. También es especial la estética de los sets principalmente los situados en la Isla más propios visualmente de un mundo post apocalíptico. Por supuesto a nivel de fotografía tenemos los ticks propios del director que se traducen en un aspecto visual impecable.

Un detalle de la película es que en su versión original está principalmente en dos idiomas japonés e inglés. Mientras que la mayoría de los humanos hablan en su japonés natal, los animales hablan en inglés. Una manera ingeniosa de llevar a la pantalla los dos niveles diferenciados del mundo de los perros y el de las personas. Aprovechan esta circunstancia para ser creativos a la hora de traducir el japonés para el espectador que no lo hable. La película no se limita al uso de los subtítulos si no que las partes en este idioma que el director quiere que sean comprendidas son o bien traducidas en tiempo real por interpretes (a una de los cuáles da voz la actriz Frances McDormand) o ingeniosas máquinas con la marca de Wes Anderson.

Isla de Perros en sus cien minutos de duración es entretenimiento puro y placer visual. Aunque tiene la clasificación para todos los públicos, la película no se aprecia especialmente infantil. De hecho tiene algunos puntos algo truculentos que no sé yo si acabarían creando algún trauma (como la maldita bruja de Blancanieves). Es probable que no porque los personajes son muy simpáticos, los chistes son divertidos y el final es feliz. Rascando un poco su fondo encontramos políticos populistas y manipuladores que se sobreponen a la propia evidencia científica, la ya clásica segregación, la marginación y por otra parte el poder de la conexión entre dos personas o en este caso entre una mascota y su dueño.

Toda una gozada de película, sin grandes pretensiones pero que funciona a la perfección en muchos niveles. La puedes ver para entretenerte, disfrutar de la dirección de Anderson o para maravillarte de la animación en stop motion y en cualquiera de los tres modos yo creo que saldrás contento de la sala de cine después de ver Isla de Perros. Yo al menos lo he hecho.

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Acerca de Javier Jimenez 216 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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