LA CÚPULA: Excelencia editorial.

Tres grandes cómics de una de las editoriales con mejor catálogo de cuantas tenemos en España. Tebeo a tebeo, voy teniendo la impresión de que es difícil que esta gente publique algo malo.

Por Javier Marquina.

Creo que el que me lee (y lo digo porque a veces tengo la sensación de que solo es uno el que lo hace) sabe de mi pasado oscuro y de mi tendencia natural hacia el pijameo más irreductible. Los noventa me pillaron en esa edad confusa en la que piensas con el glande, y mis tendencias lectoras discurrían por las procelosas corrientes de tebeos llenos de testosterona, tetas enormes y mierda licuada. Cuanto más brillos, dientes, venas y pistolas de rayos sin culata, mejor. Me hice todo un experto en la bazofia.

Podría decir que esta fiebre letal por el spandex se me pasó pronto, pero la verdad es que ya empezaba a poblar canas en la hirsuta maleza de mis gónadas cuando descubrí que había un mundo más allá de mutados, vengativos, titanes, murciégalos y arácnidos. Había vida lejos de la tierra prometida por Marvel y DC y era una vida llena de cosas diametralmente opuestas a todo lo que yo había conocido hasta ese momento. Algo así como descubrir el jodido El Dorado pero vistiendo ropa muy rara.

La transición no fue fácil. Toda una vida de deformación exige de un tratamiento intensivo para corregir desviaciones. Los gustos estéticos deben ser reeducados y lustros completos de contemplación de superhembras siliconadas que sufrían serias escoliosis obligaban a una reconversión casi completa. Difícil, pero no imposible. Es cuestión de educar y de consumir. Insistir aunque tras un primer vistazo creas que no te va a gustar. El primer trago de cerveza es amargo hasta lo insoportable y, sin embargo, no hay como seguir probando para convertirte en un borracho.

Llegados este punto, mentiría si dijera que La Cúpula no ha tenido mucho que ver en esa transformación de los superheroico a lo alternativo más enfocado a lo personal, a ese producto de autor característico y variado que busca tocar otro tipo de teclas. Poco a poco, el catálogo de esta mítica editorial barcelonesa se me ha ido metiendo en la sangre a base de cómics geniales y buen hacer. Es raro el mes en el que no editen un par de obras obligatorias para todo aficionado al noveno arte, y esta vez voy a aprovechar la coyuntura para hablaros en una entrada global de tres de esos tebeos que hay que leer. Alguien podría decir que lo hago por vagancia, pero la verdad es que con tantas cosas buenas se me acumula la faena.

Vamos a ello.

LA CÚPULAVOYEURS, de Gabrielle Bell.

No hay nada más extraño que la normalidad. Uno vive su vida con una sensación aplastante de rutina y, sin embargo, si pudiera mirarse a sí mismo por un agujerito, comprobaría la alucinante cantidad de comportamientos singulares que pueblan lo que cada cual considera su intransferible aburrimiento. Cada persona dispone de un universo de rarezas propio e disparatado, una esfera de manías que en la obra de Gabrielle Bell queda retratado a la perfección como si de un catálogo de neuras se tratara. Por extremo que parezca a veces, no es difícil trazar paralelismos entre lo que cuenta Voyeurs y nuestras propias salidas de tono.

Con la soledad que cultivamos en esta era de hiperconexión digital como uno de los ejes centrales de su narración, la autora inglesa realiza un tebeo en el que, a modo de diario, desgrana experiencias cotidianas de su vida con una minuciosidad casi enfermiza. Trocitos de un mundo que a veces resulta reconocible y a veces marciano, pero que siempre está lleno de esas ternura que despierta la gente capaz de desnudarse física y emocionalmente ante sus lectores. Películas o convenciones de cómics. Ríos de agua helada o bicicletas. Redes sociales y célebres exnovios… La vida de Gabrielle Bell es una sucesión de cuadernos llenos de páginas en los que dibuja con compulsión, dejando para la posteridad todos esos detalles que acaban engullidos por la memoria. Voyeurs es una obra simpática y triste a la vez. Un tebeo enorme y delicado que une una vida soñada por muchos con la soledad implícita que sentimos cuando comprendemos que, en el fondo, siempre es imposible sentirse totalmente y absolutamente satisfecho con el camino por el que discurre tu vida.

COMPROBANDO LA REALIDAD, de Mauro Entrialgo y Javier Rodríguez

No me voy a tirar el moco ahora diciendo que soy un fan incondicional de Mauro Entrialgo. Es más, su dibujo es uno de esos que me impiden acercarme a su obra con la despreocupación que debería. Es una tara estética que no soy capaz de superar. Quizá por eso este cómic ha sido una sorpresa. Superada la barrera del estilo gracias al arte más cercano a mis filias del siempre magnífico Javier Rodríguez, me he encontrado con un Entrialgo que no esperaba, quizá por ese vergonzante desconocimiento que he reconocido antes.

Comprobando la realidad es una historia de ciencia ficción llena de detalles, de misterios, de trucos y de secretos. Una orgía visual llena de aficiones y lugares comunes que van desde los videojuegos a los palíndromos, elementos estos que se funden de forma natural en un trama que habla de los sueños lúcidos y del retroceso inevitable de lo real frente a lo virtual que estamos sufriendo a día de hoy; un futuro inevitable en el que cambiaremos monarquías por multinacionales. Comprobando la realidad es, ademas, el germen de ese Javier Rodríguez espectacular del que podemos disfrutar en la actualidad. Un artista innovador y brillante que arriesga con cada página y busca una composición diferente que transforme y enriquezca lo narrado. El que tenga dudas sobre esto que lea sus números de Spiderwoman y me lo cuente.

En definitiva, nos encontramos ante un cómic divertido, curioso y muy entretenido, ultimo resquicio de esa época en la que El Víbora era la revista reina de la historieta española.

ENCUENTROS CERCANOS, de Anabel Colazo

Tocaría empezar con “La verdad está ahí fuera”, pero la verdad es que, atendiendo a la paradoja de Fermi, lo más probable es que ahí fuera no haya nada en absoluto. Es más, si lo hay, estará tan lejos de lograr el viaje interestelar como nosotros los humanos. Tampoco es que Encuentros cercanos vaya de eso. No exactamente. Al final, a pesar de los muy interesantes datos ufológicos, lo que yo he obtenido de este tebeo es una sensación inquietante (y recurrente) acerca de lo oscuro, limitado y complejo a la vez que es el ser humano. ¿Qué mueve a una persona a inventar una compleja trama de abducciones? ¿Por qué nuestra química cerebral se cortocircuita con tanta facilidad? ¿Tan débil es la realidad? ¿Tan poderosa es nuestra mente? ¿Cómo somos capaces de construir imágenes que no  existen y dotarlas de una solidez que podemos llevar hasta la últimas consecuencias?

Muchas veces he pensado que es la sensación de diminuta soledad lo que nos aterra. Saber que no somos más que una mota de polvo en la suela del zapato de Dios es una idea desoladora para nuestro ego supremo de especie superior. Es esta solitaria pequeñez la que nos desquicia y nos enloquece, porque nos grita que no somos nada, que no hay nada después y que nuestra vida, lo que somos, lo que hacemos, no es más que un parpadeo en el gigantesco proceso de la creación. Si la Tierra es el centro del universo, es un centro jodidamente insignificante.

Podría hablar largo y tendido de este inquietante e hipnótico tebeo de Anabel Colazo, pero no creo que haga falta.  Esta es una reseña coral y las valoraciones deben ser breves. Solo diré que cuando lo que lees te lleva a reflexiones sobre el ser y la nada tan profundas, lo único que puedes hacer es recomendarlo.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 250 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*


Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.