Let’s talk about Sex, baby

Parece mentira que algo tan básico y tan intrínseco a nuestra naturaleza siga siendo un tabú de tamaña proporción, que suscite el mismo número de dudas que de sonrisas nerviosas o inquietas y miradas de reprobación, desnaturalización al mentarlo, opacidad u obstrucionismo en lo que a educación se refiere y a mi juicio, lo más sangrante, que la normalización al tratar este tema brille por su ausencia.

Por Cristina Hombrados.

Sexo. No hay mejor reclamo que poner bien visible esta palabra. Será inmediato, todas las miradas se dirigirán a ese punto. Eficacia probada de lo atractivo que le resulta al ser humano todo lo que (con)lleva este término.

El sexo se expande en multitud de conceptos entretejidos por la sociedad. Un enmarañado mapa que nuestra mente recorre a veces sin tener claro cuál es el verdadero significado de cada uno de ellos ni a qué nivel habría que ubicarlo: sexualidad, amor, porno, orientación sexual, depravación, morbo, intimidad, prostitución, libertinaje, trastorno mental…

Y es que ese apetito voraz que nos quema y esos conceptos asociados están en todas partes. Sí. De forma explícita o implícito bajo la máscara del deseo, del poder de la carne y de la sugestión. Se habla de ello en las noticias, imágenes subidas de tono en el metraje de la gran y la pequeña pantalla, creaciones literarias de lo más lúbricas… Lo hallamos hasta en las baldas de la sección de tebeos. Y no es nada nuevo. Pero no, no os voy a hablar de la evolución y tratamiento del sexo en las viñetas, ni de líneas editoriales míticas, ni de autores de esos capaces de crear y dibujar personajes de los que hacen perder el sentido a sus lectores, ni de hentai.

Por poner un par de ejemplos, además de historias como Cinco relatos apasionados, de Ricardo Esteban y Sergio Bleda o Melvin, de Artur Laperla (he de confesar que como a todas, Melvin me tiene loca), no tenéis más que echar un vistazo por vuestra librería de cabecera para constatar que actualmente hay un buen número de tebeos en los que, por contraposición a esos, el sexo es un elemento conductor o catalizador de la narración siendo una pieza importante de la historia que los autores nos quieren transmitir, en los que se asume y se muestra con total naturalidad las diferentes orientaciones sexuales y maneras de vivir la sexualidad o que tienen una vocación informativa sin caer en lo ranciamente moralizante y que no afecta ni un ápice a lo ameno, entretenido o curioso de lo que se nos cuenta.

Para muestra, títulos como Sex Criminals, de Matt Fraction y Chip Zdarsky, editado por Norma (del que ya os hablé), La blusa, de Bastien Vivès (Diábolo) , Olivia y el sexo, de Alicia Galloti e Idoia Iribertegui (Grijalbo), ¡Imparables! Feminismos y LGTB+, de Pandora Mirabilia y Mar Guixé  (Astronave) o Mi experiencia lesbiana con la soledad, de Kabi Nagata (Fandogamia). Pero también tenemos No sé quién eres, de Cristina Portolano (Ponent Mon), en el que a modo de confesiones de las relaciones sexuales “obtenidas” a partir de Tinder, basadas o no en hechos reales, afloran unas muy interesantes reflexiones. O Mi cuerpo está loco, de Séverine de la Croix y Pauline Roland (Montena), una obrita para el público más joven que lleva como subtítulo Un cómic para sobrevivir a tus hormonas. Sus 72 páginas evocan una semana en la vida de Lila en la que combinando el formato diario y el tebeo nos cuenta cómo su cuerpo está cambiando o más concretamente la revolución de preguntas que suponen que las chicas nos percatamos que tenemos pechos!

Pero si hay uno que me ha llamado poderosamente la atención y que he disfrutado más y no en el sentido de una experiencia lúbrica, picarones, es Sex Story. La primera historia de la sexualidad en cómic, de Philippe Brenot y Laetitia Coryn, editado en nuestro país por Norma. Habla de una forma tan natural y abierta del tema que durante su lectura olvidas por completo el enorme tabú que sigue siendo en la actualidad. No busquéis morbo, porque lo que en sus viñetas encontraréis es un magnífico tratado sobre sexualidad y cómo los seres humanos la han concebido a lo largo de su existencia, repleto de curiosidades, ligero y placentero en su lectura, con un humor delicioso y mordaz a partes iguales, muy didáctico en cuanto a lo esclarecedor y a la sencillez con que aborda depende qué cuestiones, con un dibujo y unas formas bajo las que se adivina la voluntad divulgadora y de normalización de sus autores.

Célebre frase de Michel de Montaigne que resumía a la perfección el vínculo que sentía hacia Étienne de La Boétie y que muchos amantes (en el sentido de personas que se aman) adoptan.

De acuerdo al Rapport 2016 L’Année de la stabilisation, elaborado por Gilles Ratier, de la Association des Critiques et Journalistes de Bande Designée, ACBC (la homóloga a nuestra ACDC), en su Francia natal este tebeo salió con una tirada de 40000 ejemplares. Y es que Philippe Brenot es un reputado psicólogo, antropólogo y sexólogo que tiene en el mercado multitud de publicaciones de materia sexual y ha escrito infinidad de artículos de corte científico para publicaciones especializadas también sobre la materia. Laetitia Coryn, además de actriz, es una polifacética historietista que ha hecho del humor y sus derivados su mejor baza. Con una combinación así a la dirección, no es de extrañar que el tebeo “pase” estupendamente.

Me parece muy acertada la forma en que han abordado y estructurado la narración.

Cualquier tema vinculado al ser humano es imposible de comprender si no va indisolublemente asociado al devenir de la historia y al código moral y ético de una civilizaciones y a la configuración de la sociedad del momento. Y a mi entender, este es uno de los puntos fuertes de Sex Story: hacernos comprender y comprehender la magnitud de los conceptos, la evolución histórica de la semántica, no en vano el lenguaje es un ente vivo y los términos que actualmente empleamos son herederos de generaciones de uso y las connotaciones del sexo en abstracto y sus actualizaciones al presentárnoslo como parte del pensamiento ligado a un aquí y un ahora que no es el nuestro. Porque solo de esta manera, situándonos en el contexto de la antigua Grecia, podemos entender el concepto de pederastia sin escandalizarnos de lo común de su práctica en aquel momento o comprender la etimología del término burdel.

Un completo repaso a cómo asumían y vivían la sexualidad nuestros antepasados, sus rituales, creencias y costumbres, la mitología clásica, así como su evolución, que abarca desde la prehistoria hasta nuestros días en el continente europeo, haciendo especial hincapié a partir del siglo XX en la realidad francesa. Está desglosando por capítulos y breves epígrafes en los que toman la palabra diferentes civilizaciones, como Babilonia, los griegos o los romanos, movimientos religiosos (como bien intuiréis, el cristianismo se lleva la palma en cuanto a referencias), o épocas y siglos como el Renacimiento, con la proliferación de cuerpos sexuados en las artes, o el siglo XVII en Holanda, con el descubrimiento de las células reproductoras. Además, por sus páginas desfilan con sus particulares historias personales con la sexualidad personajes tales como Hammurabi, Platón, Calígula, Michel de Montaigne, Juana de Arco, el marqués de Sade, Charles de Beaumont, Enrique IV (apodado el Vert-Galant). Pero la grandeza de este título es llevarnos, también, a la rutina diaria de individuos de los diferentes estamentos sociales, quienes conforman la historia silenciosa, mostrándonos la cotidianidad de la consideración del momento del sexo y la sexualidad.

El tebeo se completa con un estupendo extra en el que los autores tratan de vislumbrar el camino que puede tomar el sexo en el futuro y con un apéndice compuesto por un glosario con explicaciones complementarias, unos índices onomástico y analítico y una serie de referencias bibliográficas que le aportan empaque a la obra.

Otro de los aciertos, sin duda, es esa sutil ironía usada al tratar temas tan peliagudos y sensibles como las creencias religiosas, algunas supersticiones o la dudosa ciencia de siglos pasados. Es sencillamente genial como relata la paranoia que se instauró entre algunos creyentes en el siglo XVI en torno a la pérdida de esperma de las poluciones que no llegan a buen puerto (es decir, al embarazo) o el tratamiento que da a la ya irrisoria creencia en la Grecia antigua de que la vía vaginal estaba conectada por la boca y la prueba por la que hacían pasar a las mujeres para demostrar que eran estériles.

Sin duda, muchos e interesantes temas son los que se podrían desgranar a partir de lo que se desprende de las viñetas de Sex Story, desde la persecución del placer a lo largo de la historia por una serie de sectores, el debate sobre la relación entre los conceptos amor-sexo, la por muchos asunción perenne del acto sexual a la procreación, la forma en que depende qué comportamientos y orientaciones sexuales ha ido pasando de la aceptación a lo indecoroso e inmoral, pasando por delito hasta llegar a ser tratado como una enfermedad mental. Pero también infinidad de datos curiosos como la existencia del libro del jesuita español Tomás Sánchez, Moral jesuítica ó sea controversias del Santo Sacramento del Matrimonio, en el que recogía y describía todo lo que podía llegar a considerarse como lujurioso entre hombres y mujeres (que, a finales del siglo XVI, podía ser prácticamente todo), la celebración del primer curso de información sexual en 1802 o la creación de tribunales de impotencia en el siglo XVI. Sí, copulación rodeado de un grupo compuesto por un buen número de personas, como para rematar la faena con semejante presión…

Quizá alguno de ellos sea el antepasado de Melvin…

Y uno de aspectos a analizar más jugosos durante y tras su lectura es el papel de la mujer en todo esto. Porque si algo se desprende de lo que nos cuentan Brenot y Coryn, y no es algo que nos sorprenda, es el patriarcado de la mayor parte de sociedades. La mujer ha sido históricamente y por regla general, una convidada de piedra en materia sexual. Un instrumento para satisfacer las pulsiones del hombre. Y usando la excusa de la pureza y la compostura, apartándola de un placer y una libertad de la que siempre podía gozar el varón. Se la ha identificado como la fuente y origen de lo pernicioso, pues es ella quien brinda y provoca placer y sabiendo que muchas sociedades, estamentos y sectores han perseguido y se han erigido enemigos y represores del placer, es fácil deducir cómo la ha ido tachando la sociedad (el lenguaje es buena prueba de ello). La culpa siempre es de ella, por eso, en las condenas por adulterio figura siempre el género femenino. Es sorprendente constatar por sus viñetas cómo, mediante el establecimiento de una serie de comportamientos, se eliminó de la ecuación sexo el placer para la mujer, incidiendo en su sumisión y condicionándolas. Me explico con algunos ejemplos. En la antigua Roma, la mujer (entendida como parte del matrimonio) tenía una actitud pasiva en las relaciones sexuales, a diferente de las prostitutas que eran proactivas. Más adelante, en la Edad Media, con la recomendación del clero del uso de la postura del misionero porque, al fin y al cabo, ¿no es la procreación el fin de que los esposos yazcan juntos? (y todo lo demás, es pecado), se incide en la sumisión de la mujer hacia el hombre por la postura. Pero no nos quedemos únicamente con eso: Sex Story también se hace eco de la predisposición hacia la igualdad y de las condiciones igualitarias de algunas sociedades, personajes y circunstancias y de todos los logros en cuanto a igualdad en la sexualidad que se han ido cosechando a través de la historia.

“El origen del mundo”, obra de Gustave Courbet, puede admirarse en el Museo de Orsay, en París.

Sexo. Uno de los placeres de la vida. Un tema más antiguo que el propio ser humano y cuyo tratamiento es más que peliagudo en algunos ambientes. Un tabú que nunca deja de serlo. No podemos negar que somos hijos de una sociedad con unas circunstancias históricas muy concretas, unas lacras muy enraizadas y una herencia que, pese a que para algunos ya solo existen en los libros de textos, sigue flotando en el ambiente. Ello nos ha predispuesto, queramos o no, para tratar según qué te temas. Pero la reeducación es posible gracias al acceso al conocimiento y a la educación en el espíritu crítico y analítico.

Lo cierto es que Sex Story es un tebeo que tiene múltiples lecturas y que da para un buen número de reflexiones sobre cuestiones muy dispares a la par que interesantes. Una suerte de manual histórico en el que confluye lo mejor de una obra didáctica y una de entretenimiento que nos muestra aspectos que nos pueden resultar desconocidos por el pudor reinante o por no saber cómo enfocarlos, repleto de curiosidades y explicaciones, con una secuencialización muy acertada, amena y al que no le falta el buen humor. Una obra de las que te hacen esbozar una sonrisa, cerrar su páginas satisfecha y te invita a reconocer que el sexo es algo más que lúbrico.

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