MUTAFUKAZ. Porque la vida es una p#&@ fiesta.

Drogas, rap, lucha libre, marcianos, manga… Todo son pequeñas piezas que conforman nuestra triste existencia. Pero, ¿y si en realidad todo tuviera un sentido o trasfondo mayor? Bienvenidos a la bendita locura de Mutafukaz.

Por Joe Runner.

Voy a hacer algo que nunca he hecho y que tampoco quiero que sirva de precedente, pero voy a hablaros de una obra que todavía no me he acabado. La fatídica rueda de los artículos ha vuelto a mí y yo, inmerso en mil cosas que no me dejan ni tomar aliento para prepararme de todo lo que se me viene encima, no encuentro mejor momento para hablaros de este cómic. Está claro que podría hablaros de cualquier otra cosa que me haya leído o visto, pero es que tengo muchas ganas de escribir algo sobre Mutafukaz. Porque sí, porque me apetece demasiado como para postergar más la reseña de marras. Nos obcecamos en atrasar las cosas que queremos hacer en detrimento de otras que son más ad hoc o parecen tener mejor aceptación y nos olvidamos de que dejar aquello que queremos hacer para mañana no suele ser buena idea. Ya me he cansado de esperar que se anuncie la película en nuestro país, que la gente pueda disfrutar salvajemente del largometraje basado en esta obra y que alguna editorial se aventure a publicar uno de esos pepinacos del noveno arte que suelen caer en el limbo del olvido si tienen la mala suerte de pasar de puntillas por el foco de la fama. Es una lástima que nos toque ir a morir a la edición francesa, que dicho sea de paso, es una auténtica maravilla cuidada a la perfección y con un precio que difícilmente podría rivalizar ninguna editorial española. El único gran escollo es que hace falta tener un nivel alto de francés para poder gozarse la historia de forma plena. Pero salvo este pequeño obstáculo, todo viene siendo un camino de rosas marchitas y llenas de mucho flow.

El origen de nuestra historia comienza en Dark Meat City, DMC, la ciudad en la que vivir cada día es un reto más de supervivencia para sus habitantes. En especial para nuestro protagonista, Angelino, un pobre desgraciado que vive en uno de los peores barrios de la gran ciudad, que se encuentra dividida en sus extrarradios por diferentes bandas que defienden su territorio a golpe de plomo y en las cuales no ser parte de su grupo te convierte en la diana perfecta para ser su felpudo. Para poder sobrevivir trabaja en cualquier curro basura que encuentra, suficiente para pagar el piso destrozado en el que vive con su mejor amigo, Vinz. Pero el bueno de nuestro protagonista tendrá un desafortunado accidente con la moto que conducía cuando se disponía a repartir unas pizzas, debido a que se queda embobado mirando a una chica que se le asemeja un ángel y que, a la postre, tampoco le deja ver el camión que viene de frente, saliendo milagrosamente indemne del choque. O eso parece en un principio, ya que tras el duro golpe recibido en la cabeza, Angelino comienza a ver cosas que el resto no somos capaces de ver y lo que inicialmente parecen meras alucinaciones en forma de secuela del accidente, termina siendo algo mucho más oscuro y turbio de lo que creen…

La primera vez que oí sobre esta obra fue gracias al artículo de Teresita Sunday sobre la película que estrenaron en Sitges el año pasado y cuando descubrí que originalmente era un cómic, no dudé en indagar por las redes para saber de qué se trataba. Porque inicialmente es muy llamativo por la manera en que Run dibuja todo, con ese arte callejero que recuerda mucho al estilo underground o graffiti, pero conforme seguí leyendo lo que pude encontrar en internet, no dudé en hacerme con el original para gozarme esta mezcolanza que comienza titubeante y llena de referencias, para luego termina creando todo un universo único alrededor de Angelino y Vinz. Sin dejar de lado todos los guiños habidos y por haber a obras clásicas del manga y la cultura americano, el autor francés nos muestra sus grandes filias y nos deja bien claro que va a contar lo que a él le dé la gana. No busca tu beneplácito. Y sin embargo ahí estás tú, alucinando con los giros de guión y la cantidad de acción desenfrenada que irradia cada una de sus páginas. Además de que encontrar las referencias callejeras del mundo del hip hop en los cómics siempre es una gozada.

Eso sí, si la historia es una locura maravillosa, el apartado artístico es una auténtica gozada. Es, sin menospreciar al guión, el plato fuerte. Capaz de adoptar cualquier tipo de estilo visual, Run demuestra sus galones como referente en el cómic galo regalándonos las mejores secuencias de acción que se pueden disfrutar en el noveno arte, con una narración digna de los mejores y un detalle que todavía sigo alucinando que esto no haya llegado a nuestro país todavía. Cambia el tipo de estructura de página, combinando las viñetas como le da la gana y jugando con el coloreado en cada uno de los capítulos para que todo el tomo sea una experiencia brutal para los que gustamos del arte más callejero. Es muy bruto. Notas que el autor se ha divertido dibujando toda la locura que le ha venido a la cabeza y hace que tú también te diviertas. Tanto como para no esperarte a terminar de leer el cómic para querer hablar de él y recomendárselo a todo el mundo. No sé si finalmente esto va a llegar a nuestro país o tendremos que ir a morir a la versión integral de Ankama, pero lo cierto es que quién se la juegue con esta obra, va a ganar. Y mucho. Porque menudo pepino que hicieron al otro lado de los Pirineos, señoras y señores. Y si me disculpáis, sigo con mi lectura, que esto pinta realmente bien.

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Acerca de Joe Runner 50 Articles
Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Isla. Vivo mejor que quiero.

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