Precariedad trendy: Cómo compartir cuenta de Spotify y Netflix puede acabar.

Comparte casa, trabajo, coche… pero no tu cuenta de Spotify.

Por Javi Jiménez.

Durante mucho tiempo la generación anterior a la presente venía recurrentemente con aquella batallita de “en mis tiempos lo teníamos mucho más difícil”. Esas generaciones habían pasado por guerras, dictaduras, pobreza y hambre; conceptos que las generaciones siguientes fueron superando en la implatanción del Estado del Bienestar que para algunos ya nos parece un animal mitológico. Gente como Bloomberg ya lo han hecho oficial esta generación lo tenemos más difícil que nuestros padres ¡Yay!

Si los conceptos como una futura vivienda propia y pensiones nos suenan a ciencia ficción utópica el presente tampoco es mucho mejor. Sí, encontrar trabajo siendo joven es difícil y uno decente ya ni te cuento. Aunque nos llamen la generación de los quejicas, nos estamos adaptando a estas nuevas situaciones de precariedad de una sociedad consumista pero sin dinero. Nos las estamos apañando con las herramientas de nuestra generación: las redes sociales. ¿Necesitas financiación para tu proyecto? Un banco ya no vale, mejor haz un kickstarter. El billete de autobús para ir a tu pueblo el fin de semana está fuera de tu alcance, pilla un BlaBlacar. ¿No tienes pasta para un piso? Comparte gastos con amigos, lo que algunos llaman ahora coliving. No tienes trabajo, ¡bájate la app de minijobs o hazte repartidor de Deliveroo!

Los Simpson ya hablaron de esto con su app ficticia Choremonkey.

A este fenómeno los expertos lo llaman economía compartida y al sistema en general le parece bien. Debajo de este nombre trendy se encuentra una forma de que consigamos seguir consumiendo, no empecemos el mes con el contador a cero tras pagar los gastos de la vivienda y la comida y el mercado pueda seguir exprimiéndonos. La economía compartida a pesar del nombre cool es solamente otra forma de llamar a un nuevo tipo de precariedad. Igual no nos hemos quejado bastante del asunto, todavía lo estamos asumiendo y ¡eh!, ahora que estamos todavía en la veintena o la treintena temprana está guay compartir piso y otras cosas que nos ponen en contacto con el resto de humanos como si de un campamento de verano se tratara.

Como muchos, yo también comparto mi cuenta de Netflix entre varios amigos, una forma de poder compartir gastos y poder hacer algo que considero justo: pagar por el contenido que consumo. Ya dije que importa donde pongas tu dinero, son las normas del sistema en el que estamos, las de la oferta y la demanda, en las que importa en qué invirtamos pues serán esas empresas las que tengan éxito. Parecía una buena solución, piratear contenido ya no era una opción en cuanto alternativas asequibles aparecieron. De igual manera que Spotify prácticamente ha acabado con la piratería musical gracias a su versión gratuita.

Spotify también tiene su función de grupos familiares en la que, de forma similar a Netflix,  puedes pagar por varias cuentas Premium a la vez por bastante menos que sus suscripciones separadas. ¡Otra genial forma de aplicar la genial economía compartida! Sí, en este caso la palabra familiar implica un lazo de unión más fuerte entre las personas que comparten esta suscripción, pero si con tus compañeros de piso compartes algo tan íntimo como el papel higiénico y el recibo de la luz ¿por qué no una suscripción familiar? Hasta el momento Spotify y Netflix han hecho la vista gorda (e incluso Netflix ha fomentado activamente la compartición de cuentas), al final y al cabo un usuario familiar les genera más ingresos que un usuario gratuito o que un cliente perdido.  En este mismo instante a ambas compañías les interesa aumentar el número de usuarios, cifras que quedan bien de cara a los inversores. Sin embargo, ¡oh, cuidado! el pastel de usuarios potenciales cada vez se hace más pequeño y a la larga la única forma de crecer en ingresos será “convencer” a estos usuarios de que se hagan cuentas individuales de pago.

En el sistema actual no basta con tener un pedazo grande del pastel aquí impera la ideología del crecimiento continuo, algo imposible de conseguir pero que sin embargo es casi imperativo en el modelo económico actual. Spotify ya está amenazando con aplicar la mano dura con estas suscripciones familiares, como ya ha hecho (en este caso legítimamente) con aquellas personas que utilizaban aplicaciones para obtener privilegios premium sin pagar. Este es el siguiente paso. Una decisión con sentido empresarial pero que una vez más juega con distintas reglas a las que jugamos el resto. Se acabó hace mucho lo de que el cliente siempre tiene razón. Aquí las grandes compañías y el resto de personas jugamos en dos ligas o incluso a dos deportes diferentes, las normas para ellos y para nosotros no son las mismas. Sí, está muy bien eso de que compartas tus puesto de trabajo, tu casa o tu comida, pero cuando hablamos de su parte del pastel ya hablamos de otra cosa.

Una bonita imagen de la economía compartida: la precariedad cool.

Me diréis que el acceso a estos contenidos no es necesario, que es un lujo, no lo necesitamos… Pero más triste es que con los medios técnicos disponibles no se pueda tener un acceso democrático a contenidos si no que se tienda al consumo elitista. Igualmente, un segmento de la población podría optar por volver al viejo torrent. E incluso también sería perjudicial para la competencia de servicios cuando el usuario se vea obligado a elegir una sola de las suscripciones un escenario en el que saldrían perdiendo los actores más pequeños y solo los fuertes entrarían en la guerra de robar usuarios del otro servicio.

Por mucho que sean compañías privadas, que comercien con bienes no necesarios (un aspecto que podemos discutir tratándose de series y música, una parte esencial de nuestra forma de vida) la sensación final es la de que ellos juegan con normas diferentes a las que nosotros tenemos. Igual habría que decirles a estas empresas que este es el mundo que les ha tocado vivir, lo mismo que no se cansan de repetirnos a nosotros. A nosotros nos toca compartir piso, a ti te toca vivir con que usuarios compartan cuenta.  O siempre nos queda la opción de agachar la cabeza, aceptar las nuevas normas, seguir jugando y que cada cual sostenga su propia vela porque “Es el mercado amigo”.

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Acerca de Javier Jimenez 219 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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