Q [KÛ]. ¿Quién dijo que la gula era un pecado?

Acción a raudales, humor, ciencia-ficción y monstruos gigantes en el que la principal atracción es una niña kawaii llamada Kû con demasiada hambre. Una obra tan brillante como sus portadas.

Por Joe Runner.

Imaginaos que un buen día apareciera una especie de ojo gigante en el cielo y nos observara a cada uno fijamente, como si del cuadro de Da Vinci se tratara. Un ente de tamaño gargantuesco que no te quita la vista de encima y que, cada vez que le clavas la mirada, mandara a la Tierra unos huevos que se transforman en extraños seres que no dejan piedra sobre piedra allá donde caen. Es por esto que la humanidad está diezmada, debido a la cantidad de armas de destrucción masiva que ha tenido que utilizar para acabar con estos monstruos y solamente los ricos son capaces de vivir en ciudades que no difieren mucho de lo que fue antaño la humanidad, con cúpulas que imitan el cielo antes de la llegada del gran ojo. Mientras tanto, el resto de personas intentan sobrevivir como bien pueden, huyendo de estas abominaciones y uniéndose para lograr prosperar en pequeñas sociedades. Pero no todo es muerte y destrucción para los humanos, ya que hay un equipo de asesinos especializados en este tipo de monstruos que se dedican a acabar con las amenazas nada más tocan la superficie terrestre. Bueno, ellos y una niña la mar de maja que nadie sabe de donde ha salido y que se dedica a comer todo aquello que encuentra, incluidos los Demis (los monstruos antes mencionados), llamada . O al menos ese es el nombre que le ha dado Rem, que contiene su voracidad a base de donuts y que hace todo lo posible para que la extraña niña se mantenga tranquila y feliz. Lo que está claro es que, de una vez por todas, la humanidad tiene una oportunidad para librarse de su constante observador y amenaza. Pero, ¿habrán suficientes donuts en este planeta postapocalíptico? ¡Que comiencen los juegos del hambre!

He de admitir que cuando me pongo a leer mangas de un corte más shonen tengo ciertos reparos conforme empiezo a leerlo. Soy de los que no gustan del fanservice pajillero e innecesario, por lo que suelo ir con pies de plomo cuando comienzo una nueva serie. Además, son ese tipo de historias que difícilmente luego reseño, pues suelen ser todas calcos las unas de las otras y no aportan nada más allá de su premisa manida. Es por eso que lo único que le pido a este tipo de cómics es que me entretenga, me dejo llevar por la corriente del mangaka y desconecto mis expectativas para no sentirme defraudado al terminar la lectura. Sin embargo en ocasiones hay gratas sorpresas, en especial sobre esas obras que pintan que van a ser del montón y luego te pegan un bofetón en toda la cara, demostrándote que no podías estar más equivocado con tu juicio inicial. Es por eso que siempre hay que dar alguna oportunidad a los cómics, porque puede que haya alguno que te sorprenda.

Lo que comienza siendo un shonen de toda la vida (frase de mi compañero Ferran Guillem), evoluciona hasta el punto de que se aleja de todo lo que podrías esperar en un principio, haciendo pequeños amagos de caer en la típica historia de manual, pero dejando una lectura con más profundidad de la esperada al principio. Y es que me da que Tatsuya Shihira utiliza todos estos clichés para encaminar su obra y, de paso, reírse un poco de los tópicos a los que nos han acostumbrado los autores nipones con el paso de los años. De hecho no podríamos decir que Shihira reniega de todas estas muletillas para cebarse con ellas, nada más alejado de la realidad, pero las usa a su manera para redirigir una historia que pasa de predecible a ingeniosa de un número a otro. Todo esto con una capacidad innata de desarrollar a sus personajes casi sin diálogos, haciendo que hasta los secundarios tengan su momento de protagonismo y logrando así una participación más coral en el que su protagonista principal consigue brillar con luz propia.

Pero si hay una característica que logra cautivar al lector, esa es que Kû es demasiado cuqui. Y mira que me gusta poco usar esta expresión, pero es la pura verdad. Y es que el arte del mangaka es extremadamente detallado dentro del formato shonen, aunque sabe darle a cada personaje su estilo y eso es algo que valoro muchísimo. Si soy capaz de identificar a todos los personajes solo por su físico, algo bien estará haciendo el autor. También hay que destacar que huye del fanservice, sin sexualizar a sus dos protagonistas femeninas y haciendo una pequeña excepción con Iriya, la cual usa su irradia sensualidad e intenta utilizarla para sonsacar información, pero que está justificado dada su personalidad. Claramente hasta aquí no le puedo sacar pega, pero es que encima los Demis los dibuja con una suciedad y un realismo que muchos querrían en sus historias. No puedo hacer nada más que declarar mi amor a Q [Kû] y a todo lo que le rodean.

¿Por qué este mangaka ha pasado tan desapercibido, si puede saberse? Una historia redonda, corta, accesible y con un desarrollo de personajes y visual envidiable debería haber resonado en todos los lugares del noveno arte. En principio lo tiene todo para destacar entre el resto de mangas, al fin y al cabo no deja de ser una obra juvenil en el que se enseñan cosas como el respeto, la amistad y la esperanza y eso es algo que suele gustar mucho al público consumidor de manga, pero parece que ha caído en el desgraciado limbo de los shonen que pasan sin pena ni gloria y amenazan con olvidarse con el tiempo. En nuestras manos está que esto no suceda. Dadle una oportunidad a Kû. Dadle una oportunidad a las pequeñas obras. Suelen tener mucho que decir.

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Acerca de Joe Runner 50 Articles
Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Isla. Vivo mejor que quiero.

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