RUMBLE: NUEVO ORDEN MUNDIAL

Rumble sufre en su cuarto tomo recopilatorio un cambio trascendental. Una de las razones por la que esta serie se ha convertido en lo que es, el siempre maravilloso James Harren, es sustituido en el dibujo por uno de los artistas más productivos y en forma del panorama mundial: el gallego David Rubín. Y al semidiós con cuerpo de espantapájaros, el cambio en RUMBLE: SOUL WITHOUT PITY le sienta de maravilla.

Por Javier Marquina.

David Rubín tiene los cojones muy grandes. Nótese que he dicho grandes, no gordos. De este sutil cambio en la adjetivación uno puede inferir conclusiones muy diferentes. Casi contrarias. Para no causar ningún tipo de equívoco, podría haber dicho que David Rubín tiene los cojones cuadrados. O que tiene un buen par de cojones. O que los tiene más grandes que el caballo de Espartero. Cualquiera de estas metáforas expresaría de forma ajustada el concepto artístico que quiero resaltar: aplomo, arrojo, testarudez y una valentía casi temeraria. No puedo expresarlo de otra forma. No puedo ser educado ni fino. Hace falta usar una palabra malsonante y darle al concepto la fuerza que requiere. Cojones. Porque para aceptar dibujar Rumble después de la marcha de un titán como James Harren hay que tenerlos enormes. Gigantescos. Inmensos. Colosales. Mayúsculos.

También hay que estar un poco loco. Y esto es algo que David no me podrá negar. Asumir la tarea de sustituir a un talento de la dimensión de James Harren implica un punto de locura. Todos sabemos que las comparaciones son odiosas, y en una batalla de lápices de este calibre, no dar la talla puede tener consecuencias catastróficas para tu carrera. Sin embargo, Rubín no solo sale airoso de la contienda, sino que en lugar de enfrentarse directamente con el estilo único y dinámico de Harren en un ejercicio mimético que acabaría por ser contraproducente, realiza un despliegue lleno de personalidad en el que consigue lo imposible. En cada una de las páginas sentimos que el dibujo mantiene una consistencia coherente con todo lo anterior y, a la vez, le da un soplo de aire nuevo, particular y propio a una serie en la que lo gráfico es uno de los pilares irrenunciables.

Con un estilo cada vez más caricaturesco, Rubín comprende el espíritu de Rumble y lo reinterpreta, alternando personajes que son pura comedia visual con páginas de una violencia épica sangrienta e igualmente elástica. No es fácil conjugar el humor y el terror, pero esta mezcla peligrosa es algo que el dibujante gallego controla con maestría como viene demostrando en trabajos anteriores. Su mundo es un mundo espectacular y grotesco, una tierra llena de una sola idea bajo la que se mueven todas sus viñetas: narrar. Cada trazo, cada escorzo, cada plano, cada onomatopeya están buscados y estudiados para solucionar un problema, para ser eficientes, para conducir el ojo del lector por una historia. En este caso, el trabajo de Rubín es doblemente admirable, ya que entra en la colección en uno de esos arcos de transición en el que las tramas se van cargando para próximos y sorprendentes sucesos. Frente a un John Arcudi con la cabeza puesta en el futuro, Rubín nos atrapa con su potencia, con ese espíritu del espectáculo fastuoso, lleno de fuerza, en el que uno encuentra la influencia nunca ocultada de ese tótem divino del cómic llamado Jack Kirby. Toda la carga de este impás centrado en mirar hacia adelante recae en un arte cuyo proyección no para de crecer. Solo hay que ver las páginas en las que se narra la vida pretérita de Rahtraq, el protagonista, para maravillarse antes esa nueva mitología a la que yo mismo aludía en mi reseña del primer tomo de esta serie, masticada, deglutida, digerida y reinterpretada por esa máquina de producir páginas de tebeo que es David Rubín. Por si fuera poco, el color de Dave Stewart entiende a la perfección las necesidades del lápiz y la tinta, y realza cada aspecto, cada momento, con una precisión envidiable.

Por suerte, Astiberri se está encargando de enmendar ese vació incomprensible que estaba dejando Rumble entre las colecciones inéditas en España y ya podemos disfrutar de esta estupenda serie de Image en nuestro país. Aquí por ahora se han publicado los dos primeros tomos, así que lo único que tenéis que hacer para disfrutar de esta maravilla visual es sentaros y esperar con paciencia. Os aseguro que va a merecer la pena, y por buenas lecturas seguro que no va a ser.

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Acerca de Javier Marquina 252 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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