SMOKING. Fumando espero al yakuza que yo quiero.

¿A quién hay que llorarle para que haga una segunda ( y tercera, y cuarta…) temporada de Smoking?

Por Teresa Domingo.

Podría soltar un discurso de dos horas y media sobre las desventajas, peligros y bailes de datos de particulares entre empresas sobre los algoritmos de las redes sociales, los ‘relacionados’ de plataformas de vídeo y streaming y el empacho de cookies al que somos sometidos cada día. Da igual lo que hagas o dónde te metas, internet acecha para clavarte publicidad donde más te duele:  en las cosas que te gustan.

Pero a veces, y sólo a veces, esos malditos algoritmos hacen su trabajo y te recomiendan algo que hubieras descubierto dentro de mucho tiempo, o no habría llegado a ti por ningún otro medio. Es el caso de Netflix y algunos de sus “porque has visto”. Y en este caso, ha dado de lleno.

Yakuzas + Violencia explícita + Sangre = 99% de coincidencia. Y porque no hay más.

Nada más darle al play me encuentro con el aviso de que, efectivamente, “esta obra contiene violencia. Algunas escenas pueden ser impactantes”. Qué bien, gracias TV Tokio en colaboración con Netflix (espero que sea verdad). Y vaya si lo es. Toda aquella persona que no soporte los cortes que se abstenga de ver esta serie porque le van a rechinar los dientes a base de bien.

El planteamiento de los episodios es sencillo. Nuestro protagonista es conocido por sus amigos como el Sr. Smoking y por sus enemigos como El Desollador, y es contratado por algunos yakuza para matar a otros yakuza, por venganza, deudas, traiciones, soplos, o cualquier otra cosa yakuza que ocurra entre clanes y subordinados. No se han partido la crisma en los alias: Smoking porque fuma cigarros puros y el Desollador porque su manera de matar es arrancando con precisión cirujana el tatuaje de espalda de sus víctimas, para luego entregar esta obra de arte única a su contratador dentro de un bote de formol. Así, además de cumplir su objetivo, entrega una prueba irrefutable de que lo ha realizado y a quién, ya que los tatuajes de espalda de los yakuza son muy personales y no hay uno igual a otro.

Para cada una de sus misiones Smoking cuenta con tres secuaces: Hifumin, Haccho y Goro, quienes se refieren a él como Tío Sabe, porque, tal y como iremos descubriendo a lo largo de cada capítulo, su relación no se limita a lo laboral, sino que viven todos juntos como una familia. Son estas escenas las que servirán como respiro, tanto para los protagonistas como para el espectador, a tanta sangranza. Cada uno a su manera y por sus propios motivos le debe más que lealtad al Desollador y estarán a su lado pase lo que pase. Historias tan desgarradoras como las artes de su mentor, bien narradas e hiladas con la trama principal en la que se venga hasta el apuntador.

Pero no sólo de venganza vive el hombre, también de buena narrativa y costumbrismo japonés. Tanto la dirección de escenas como la estética en general recuerdan bastante a las películas de Takashi Miike. ¿A cuál? Pues a una de las cincuenta que tiene de temática yakuza en las que caen hondonadas de hostias y nos hace torcer el gesto una y otra vez con las salvajes torturas de la mafia. De hecho, aquí hay una escena en la que se alternan planos del trabajo del Desollador, bisturí en mano, y un anuncio de teletienda en el que están haciendo una demostración de lo limpia que sale la piel de un pescado con un juego de cuchillos Ginsu, que si te dicen que es idea de Miike no lo dudas ni un segundo.

La parte que equilibra a esta serie, y a la mayoría de obras japonesas de acción, es la importancia que le dan y el peso que le otorgan en el relato a sus creencias. Eso y lo ceremoniosos que son a la hora de expresarlas. Aparte de otras muchas cosas, a este lado del mapa no podemos dejar de sorprendernos, sin pensar que el sujeto en cuestión sufre un episodio de esquizofrenia paranoide, si vemos a tío que, antes de arrancarle la piel de una sola pieza a otro, dice que su trabajo es pelar al cuerpo de su forma humana para revelar al demonio que hay dentro…

Para rematar una serie mucho más que recomendable, mencionar los créditos finales. Un temazo de trap (y eso que no es la música que más me gusta del mundo) de AKLO, un rapero japo-mexicano, titulado Dirty World, mientras se suceden una serie de dibujos y plantillas de detalles referentes a la historia, que te hacen apurar esa cuenta atrás hasta que empieza el siguiente episodio. Y así hasta que los acabas todos de una sentada. El algoritmo no se equivocaba.

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Acerca de Teresa Domingo 176 Articles
Si es creepy, es para mí.

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