Unabomber tenía razón.

“La Revolución Industrial y sus consecuencias han sido un desastre para la raza humana. ” Así comienza el manifiesto del Unabomber la base ideológica de uno de los terroristas más famosos de Estados Unidos y también la base de su futura detención. Un hombre que puso en jaque al FBI durante casi veinte años y que ahora sale en TV.

Por Javi Jiménez.

Ted Kaczynski (Paul Bettany) el nombre real del Unabomber ponía el ejemplo de los coches como uno de los males heredados de la revolución industrial. Los coches nos ofrecían a cada individuo la libertad de viajar más lejos y más rápido que antes. Sin embargo, conforme los coches se hicieron más numerosos, se convirtieron en una necesidad, requiriendo de grandes gastos, carreteras más grandes y más regulaciones. Las ciudades se diseñaron para la conveniencia de los conductores, no de los peatones. Incluso para mucha gente, especialmente en Estados Unidos, conducir ya no es una opción.

 

 

Desde Breaking Bad a Mindhunter seguimos corriendo el riesgo de romantizar a esas personas que operan fuera del status quo. El magnetismo de los criminales es patente en nuestra ficción. Nos provocan fascinación y yo soy el primero en caer en las zarpas de las series que les dan vida. Sin embargo el enamoramiento con el criminal de la ficción, un amor prohibido y condenado al fracaso, siempre acaba abruptamente. Llega un instante en el que comprendes que aunque el criminal se mueva por territorios grises lo que hace está mal. El hechizo se ha roto y vuestros caminos se separan sin embargo te quedas con algo de ese punto de vista que le hacía estar a las afueras del sistema. Muchas veces es el mero egoísmo, otras simplemente esa persona es una psicópata, pero en alguna ocasión esta posición privilegiada fuera del universo de los no criminales lleva a destellos de lucidez.

El hecho de que la tecnología nos crea necesidades es ahora más visible que nunca. Tal vez en un abanico enorme de niveles de dependencia pero ahora dependemos del teléfono móvil y las redes sociales. Unos inventos relativamente recientes pero que nos han generado una dependencia profunda. La tesis de Unabomber una vez más se cumple: con cada adelanto tecnológico, los individuos nos hacemos más dependientes de la tecnología.

Unabomber marca la diferencia en las series criminales presentando a un villano que no es un completo psicópata y que tiene varios puntos válidos en su idiario. Quizás no para enviar paquetes bomba al azar pero sí reconocemos una parte de verdad en su manifiesto, como temían los propios agentes del FBI. De esta manera la serie no solamente es una historia, maravillosamente contada y bien medida. También inicia un diálogo con los espectadores. Nos hace preguntarnos cosas y eso hace que el compromiso con ella vaya un paso más allá. Si el interlocutor es el propio Ted Kaczynski o la versión ficcionalizada de él, una distorsión de su persona, no nos impide beneficiarnos del contenido de este diálogo tan vigente hoy.

Dónde el terminó, nosotros comenzamos.  Resulta paradójico que la forma en la que Unabomber fue capturado haya dado lugar a tecnologías modernas que llevan un paso más allá y prueban su tésis: la tecnología nos hace esclavos.  Nada de laboratorios de análisis forenses, lo que llevó al Unabomber a la cárcel es el estudio del lenguaje, la capacidad de las palabras y la forma en que cada individuo las usa para formar una especie de huella dactilar capaz de identificar al autor de un texto. No solo eso si no que con el texto suficiente se pueden deducir su ideología, sus preferencias, su edad… ¿Nos suena familiar? Es lo que ocurre todos los días con Facebook, Google, Twitter y tantas otras plataformas. Una vez más una tecnología nos ofrece un nuevo grado de libertad para más tarde arrebatárnosla, para que otros decidan por nosotros qué consumiremos, qué contenido veremos, dónde iremos… Nunca es tarde para echar un buen vistazo a la realidad y comprobar que Unabomber tenía algo de razón. Excepto por lo de las bombas, claro. Me marcho al monte con mi colección favorita de sombreros de papel de aluminio pero vosotros no os quedéis sin verla.

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Acerca de Javier Jimenez 218 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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