WISMICHU Y EL MEJOR BOCADILLO – Tenemos tanta suerte de que Wismichu sea un genio

Es la polémica de la semana. Y aquí hemos venido a hacer sangre y a matar o morir en el intento. A rajar, rajar, rajar. Y si os quedáis después de la sangre, hay una reflexión. 

Por Andrés R. Paredes

Wismichu es un Youtuber. Tiene 7,7 millones de seguidores. No es de los que más tiene, pero no es un tipo que pase desapercibido. A la gente le interesa lo que hace y lo que dice, y, de alguna manera, se ha colado en el (aunque no lo parezca) inamovible mundillo de Youtube. En el pasado festival de Sitges, y después de publicar un Trailer en su canal y diversos vídeos en los que hypeaba la idea de una película, estrenó Bocadillo. La entrada costaba cuatro euros y medio. Y la película en si, consistía en Prego pidiendo un bocadillo en un bar. En bucle. Durante una hora.

Sutil como una patada en los cojones

Al entrar en la sala los asistentes eran avisados de que estaban siendo grabados para un futuro documental. El 17 de Octubre, después de una visita al programa La resistencia absolutamente patética en la que Wismichu explicó que estaba realizando una performance*, Prego publicó un vídeo  en el que explicaba en un tono de voz extraordinariamente alto (literalmente pensé que en cualquier momento iba a salir de la pantalla e inflarme a hostias) que el mensaje que él quería dar al público era el de que desde las altas esferas no se mide el talento, si no los Likes. Que las visitas diarias a su canal y la presencia de sus seguidores le fueron suficientes para conseguir distribución de una película que aún no estaba grabada y que no tenía ningún mérito.

Prego se estaba riendo de todo aquel que quería sacar provecho de él. Prego no sólo pretendía esto: también quería que los asistentes se enfadaran, se sintieran engañados, se quejasen y pataleasen. Comparó la proyección de su película con 71 fragmentos de una cronología al azar de Haneke y con… Esperad, sí, habéis leído bien. Con la doceava película de uno de los directores vivos más importantes. Y con The Horror Picture Show, porque Prego también pretendía que la gente bailase al son de su voz pidiendo un bocadillo, mientras se enfadaban. Y comían un bocadillo, imagino.

“Te voy a explicar por qué soy un genio, colega”.

En el vídeo también aprovechó para cargar contra la ignorancia de toda la gente que se había ofendido y le había atacado por la “película” una vez visto el trailer y aquellos que no la habían visto y que estaban opinando en Twitter sobre la misma. Como osaban juzgar algo que aún no habían visto. Aun cuando la película realmente era una mierda, ellos no lo sabían. ¿Por qué no le daban una oportunidad? Pero no mucho como la gente de Sitges o la distribuidora, que si no también quedan de imbéciles. Wismichu pretende dar una lección a todo su público también. Un público que sin duda es imbécil porque no saben que todo lo que sale en internet puede ser mentira. Un público que debe fiarse de la película que iba a estrenar en Sitges, pero al final esa no era la película, era otra cosa.

El mensaje de Wismichu es antiguo como el cagar. Pierde el norte al pensar que es algo que el público medio no sabe que los Likes y los subscriptores tiran más que el talento. Y descubrir esto en un país como este tiene el mismo mérito que aprender a mear sentado. Y normalmente esto habría pasado por encima de mí como si de la primera lluvia de otoño se tratara. Me habría abrigado un poco y habría esperado a que pasara.

Lo tuyo también tiene pecado, Ángel Sala

Pero no ha podido ser. Porque hay algo en el mensaje general de Wismichu que me escama y me corroe las entrañas. Y no es solo el desprecio general por la gente que fue a ver su película poniendo fe en él, o que al menos pagó por ella – sean 11 euros o cuatro euros y medio, si pagas por una película deberías ver una película. Y quizá ahí esté mi problema. No en el timo, si no en la convicción que tiene Wismichu de que es un provocateur, un cineasta rompedor, un genio. Cuando en realidad ni siquiera ha creado una pieza con un  mínimo valor artístico. Lo que ha hecho… ni siquiera es una película original, ni completa, ni buena.

El cine (y el arte en general) debe hacer dos cosas (a veces combinándolas): ya sea contar una historia, o sacar al espectador de su zona de comfort y hacerle pensar, elaborar nuevas ideas a partir de lo que ha visto. La película de Wismichu cuenta algo, si. Una gilipollez. Y trata de hacer pensar al espectador, si: piensa que está siendo timado al ver como alguien sin talento se ha colado en uno de los muy pocos festivales de prestigio de terror que quedan en el mundo. Ese es el corazón del mensaje, el que Prego lleva por Bandera: “Yo, que no soy nadie, he llegado hasta aquí. Os he timado a todos. Ahora besadme los pies porque os he sacado de la caverna”. Ah, y lo de la caverna va en serio, lo dice en su vídeo. Wismichu pretende hacernos ver a todos la luz al final del túnel, la realidad. Él es el genio que nos salvará y lo cambiará todo.

Prego todavía no ha acabado su película. El documental verá la luz entre finales de año y principios del que viene y ha prometido compensar a todo aquel que haya ido al pase de Sitges a verla aunque no sea “su responsabilidad” como dice en el vídeo (a pesar de haber firmado la película haber decidido llevarla al festival, y tratarla siempre como “la película que he hecho yo”). Cuando se estrene su documental veremos. Veremos cómo se ha reído de la industria. Cómo se ha reído de la gente que fue en Sitges a verla. De Ángel Sala (que también se metió en otro berenjenal) De los que nos ofendemos cuando se meten con un arte que respetamos realmente. De sus fans. De todos nosotros.

*Esta parte me enerva especialmente. La performance es un estilo de arte que aun a día de hoy es terriblemente despreciado por el público general, y lo que ha hecho Wismichu no es una performance. No era él, en un escenario, pidiendo un bocadillo durante 60 minutos. No era él desafiando ningún tipo de convenciones, haciendo que nos preguntásemos qué quería decir todo aquello, si es que quería decir algo, dejándonos hambrientos de comprender. Wismichu se puso delante de una cámara y grabó varias veces lo mismo, lo cual es una forma de arte que puede parecer igual de complicado, pero desde luego que no es ni por asomo, igual de arriesgado que una performance. ¿Queréis ver una performance arriesgada y grabada? Aquí tenéis ejemplos.

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